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Ha llegado a mis
manos un libro de dimensiones gigantescas, igual que sus ambiciones.
Es una novela que quizás apunta a convertirse en eso que
algunos han llamado la novela total.
La historia no es simple, hay un hombre, una mujer, viven en una
agradable parcela alejada del mundanal ruido y al parecer tienen
problemas con el tipo que les arrienda, un sujeto con delirios
de grandeza y mal humor; que tiene como mascota una serpiente.
Este personaje aparece a lo largo de toda la obra, a veces cambia
de nombre, pero es el mismo. Acá el autor juega muy bien
con la figura del doble, el otro, el alter ego. La identidad y
sus múltiples reflejos es una constante.
Ese es uno de los posibles inicios, luego viene la historia de
la descendencia de esta pareja. Una historia plagada de tragedias,
pestes, guerras, incestos, asesinatos, violencia intrafamiliar,
hambrunas, castigos y todo el arsenal que quisiera una teleserie.
Al autor no le interesa ser verosímil. Suceden episodios
que rayan en lo absurdo, murallas que caen por el sonido de unas
trompetas, mares que se abren cuando un veterano levanta la mano,
diluvios que duran más de un mes, personajes incorpóreos,
revelaciones a través de los sueños y otros sucesos
similares. Los personajes se mueven por entre medio de estas calamidades
y efectos sobrenaturales con absoluta normalidad. Es como si nos
quisieran decir que esas cosas suceden todos los días.
Toda la acción está ambientada en un paisaje que
recuerda el norte de Chile, aunque también podría
suceder en un lugar sin nombre que es la imagen de todos los lugares
posibles. Algo así como el Aleph. Se nota que el autor
ha leído a Borges. Lo mismo ocurre con el tiempo, se supone
que está ambientada hace varios siglos atrás. El
autor juega con ese elemento desde el comienzo. No se dice cuando,
sino simplemente "Al principio era el verbo". Lo que
nos plantea de entrada una obra metaliteraria, por lo menos ese
es el desafío que confiesa este autor sin tapujos.
La obra tiene momentos muy interesantes, emotivos, pero luego
tropieza una y otra vez, parece que el autor estaba apurado por
entregar rápido a su editor.
Hay una última parte que es muy atractiva, es un gran capítulo,
dividido en varios capítulos menores que relatan la vida
de un hombre: su nacimiento, la figura de sus padres, los conflictos
sociales con unos invasores (puede ser una metáfora para
referirse a los procesos de transculturación provocados
por la globalización), y rápidamente asistimos a
su muerte. Da para pensar.
No me extrañaría que esta obra se convirtiera en
un superventas y luego hicieran alguna película. Su autor
puede estar satisfecho por el efecto, de hecho existen varios
seguidores y no me extrañaría que se formen esas
curiosas cofradías de amantes de la obra; pero en cuanto
a su literatura; el autor si quiere persistir; debe hacer un esfuerzo
por mantener la tensión y dotar a sus personajes de mayor
complejidad y verosimilitud. Quizás si alguno de los nombres
que utiliza fueran más cercanos. Por ejemplo un tal Noé,
podría llamarse simplemente Manuel, quizás si dejara
de lado el tono sentencioso y apuntara más al diálogo
de los personajes.
Esperamos una segunda entrega. Se supone que el protagonista vuelve,
el autor tiene tiempo para meditar sobre este regreso y los lectores
también tendrán tiempo para leer con calma esta
obra.
* Juan
Ignacio Colil es escritor, ganador del Premio Alerce y
el Premio
Municipal de Literatura (Municipalidad de Santiago) en 2003,
por
su libro 8ocho Relatos. En 2007 gana el Premio Novela MAGO Editores
por LOU.
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