ENTREVISTAS Y ANÁLISIS LITERARIO

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«Escritos de Ningún Lugar», de Iván Quezada

Armando Uribe

Más de un autor europeo en el siglo XX ha coincidido, anotando ideas volanderas, en acuñar —con frase deliberadamente tautológica— el más simple y evidente lugar común: «Había una vez un escritor… que escribía». Léautaud, Paul, se la atribuyó a su amigo de juventud literaria, Paul, también Valéry. Y creo guardar en la memoria una línea breve, literariamente una «frase hecha», de Thomas Mann:

      ¿El escritor, quién es? El que escribe con dificultad.

     Dichas frases triviales, en tiempos que privilegian las apariencias (por no decir: apariciones) en los medios de prensa y en programas de radio, y en espectáculos y, si es posible, en escándalos, de personas que —además— publican algún libro, se explican porque en el siglo XX, y más en el XXI, con la fementida TV, el escritor es sólo quién, además, escribe.
     Un verdadero autor de literatura genuina, como Iván Quezada, muestra, al presentar sus Escritos de ningún lugar, que escribe lo que él es, piensa, cuanto le ha ocurrido en sus experiencias de la vida colectiva, en nuestra última tierra y su mundo. Y como escritor verdadero y verídico y siempre verosímil, lo hace en los varios géneros que se le ofrecen.
     Es así como en este libro, que es una vida, hay nuevos, notables cuentos suyos —después de su obra Los Extraños—, precedidos por un ensayo con caracteres de Manifiesto y Prólogo: «Nuevo Realismo Chileno», muy generoso hacia tres escritores nacionales recientes. Hay otras reflexiones en prosa, que también toman forma de ensayo. Hay recuerdos de épocas suyas diversas, con características de crónica vivida. Y también poemas suyos en verso libre y mediana extensión, como el que introduce la parte I de estos escritos, «Infancia», con rememoraciones llenas de emoción. Otros poemas hay, dentro del desarrollo del libro: «Adolescencia», «Invierno», «Juventud», además de algunos sonetos, como «Mujer», y el curioso de «Los Zapatos» (…«sólo permanece en mi memoria la imagen de sus zapatos»…). El libro termina con once «Poemas Breves», a veces brevísimos e intrigantes:

      El pasado murió en mis brazos como una doncella de hadas.

     Y el final, cuya segunda línea es definitiva:

      El gato es un dios feliz
      Los humanos hablamos demasiado.

      No vaya a creerse que este libro es sólo de poemas. Las formas de la prosa predominan. Pero sucede que Quezada escribe con espíritu de poesía. Creo saber que desde sus primeros originales figuraban en su literatura poemas en verso libre.
      Sabemos que la poesía existe en versos, y también asoma en escritos en prosa de escritores de amplio registro y sentimientos vivos. Palabras cargadas de energía, emoción y sentido hasta el extremo posible, dice la descripción del siglo XX. Como la poesía incita la eclosión de lo inconsciente, agregaría, contra la racionalidad: «—hasta el extremo posible e imposible».

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Presentación de Santiago Aránguiz para
En ambos lados de la loma
MAGO Editores, colección Trásfuga



Leer y releer estos poemas que nos presenta Javier Aros se convierte en una invitación placentera al acercamiento del paisaje humano, localizado con mucha precisión y, que a través de un lenguaje agudo nos invita a viajar hasta las profundidades del sentir para develar la misteriosa identidad de un mundo que desfila ante nuestros ojos en el diario vivir. Su observación y lenguaje, simple y coloquial, nos hace partícipes de esta verdadera aventura, disección y química de lo cotidiano para encontrar las claves para un acercamiento al rico patrimonio del carácter, de la herencia y del sentir social que nos identifica.

La vulnerabilidad de los personajes y su ámbito, más que deformantes o caricaturezcos, se presentan plenos y circundados de un refinamiento descriptivo que conmueve en su aspereza y sensibilidad, llegando a ser reveladores por la cercanía a nuestra propia existencia.

El viaje que nos propone la poesía de Javier Aros requiere de una disposición sensorial del lector que permita establecer ese imprescindible nexo y acercamiento tangencial a las almas de sus personajes. No hay página en este libro que no se tiña de gris, maravilla de lo preciso y de lo indeciso, que sin embargo, hace brillar con sonido de nostalgia un tiempo presente. Bendito el que lee poesía, bendito el poder de la palabra y bendito quien ve en los seres humanos y en su entorno un motivo de permanente crecimiento emocional y espiritual.

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Entrevista con el primer premio "Nuevos Escritores":

La calle, la selva misma, con todos sus códigos. Eso te agudiza los sentidos

Mario Silva Mera, primer lugar de la convocatoria que organizó Editorial MAGO, donde participaron casi cien obras de cualquier género literario, habla de sus impresiones sobre su novela, “El Roberto y la Julia”; libro que además de ser editado por la editorial, fue lanzado en la Feria del Parque Forestal. En esta conversación el autor desmenuza el nacimiento de su creación, lo que aprendió en la calle (se crió en la Fundación Mi Casa) y cómo pone en práctica estas experiencias en esta versión popular del clásico de Shakespeare, “Romeo y Julieta”.

Luis Rivano, connotado escritor chileno, escribió el prólogo de “El Roberto y la Julia”. Ahí habla de la importancia de que la literatura refleje la vida, pero más allá de que sea un mero espejo, lo fundamental es que sea una experiencia; es decir, que se transmuten no sólo las acciones, lo que uno vio, sino los sentimientos que se aprenden (lo que deja impreso en uno).

Mario Silva sabe de esto. Criado en la misma selva de cemento, les da a sus personajes caracteres que podríamos adivinar de personas marcadas por la calle (como violencia, anarquía, al amparo de su suerte), pero también, y he aquí la experiencia, les entrega humanidad, les entrega ternura y amor, les entrega historias a dos barreros (uno de La Garra, otra de Los de Abajo), que se enamoran bajo circunstancias terriblemente adversas. Los saca del anonimato de la masa, de las noticias (o desinformaciones) y les da un sello, les da una premisa diferente a la que se huele en cada despacho periodístico o en cada titular de diario.  

Como dice Rivano en el prólogo: “Me interesa, eso sí, decirles que para mí es importante que, autodidactas como Mario Silva -que están en la línea de un Panit Istrati o de un Petre Bellú- y tantos otros, que escriben sin haber tenido más universidad que la calle, sean leídos.

Es curioso pero la calle nos enseña una cosa que es muy difícil de adquirir, y que mucha gente instruida desconoce: la capacidad de sentir piedad. Y la piedad es parte fundamental de la materia prima de los buenos escritores”.

Todo se agudiza.  

¿Cómo nace “El Roberto y la Julia”?

Nace de la necesidad de ganar un premio. Yo soy hombre de fe, y pedí a Dios que me alumbrara, que me indicara el derrotero. Ya llevaba dos años cesante y necesitaba el dinero con urgencia, ya que el desahucio se me estaba terminando. Al otro día de pedir, tomé mi cuaderno de apuntes, que uso diariamente para anotar ideas, y al ojearlo, me encontré con las fichas de los personajes de este libro y algunas escenas que había boceteado. Me demoré dos semanas en escribir el primer borrador. Definitivamente amo esta novela, que ya lleva dos premios (el de Editorial MAGO y en 2004 el Primer Premio del Concurso Gabriela Mistral 2004, de la Municipalidad de Saniago).
 
¿Cuánto tiene que ver tu experiencia personal en este relato? ¿Cómo influye el haber sido criado en la fundación Mi Casa?

Es la experiencia que te da la vida. El capital de un verdadero escritor está en la vida misma, porque siempre se escribe sobre lo mismo: personajes que viven situaciones dramáticas. Siento que poseo esa experiencia y que me ha servido mucho para tejer mis historias. Pero no basta sólo con eso, también hay que tener valor para escribir sobre la vida. Flaubert decía, “Madame Bobary soy yo”, y tenía razón: el escritor es toda la novela, todos los personajes, y cuando uno escribe muchas veces debe descender al lado oscuro que llevamos dentro y debemos bucear con verdad, navegar resucitando viejos dolores que al escribirlos, siempre terminan siendo verdades liberadoras. Así nacen las buenas obras.

¿Qué aprendizaje de la calle se necesita para convertirse en escritor?

Tendrías que vivirlo. La calle es dura, salvaje, violenta. Ahora mil veces más que cuando yo era niño. La selva misma, con todos sus códigos. Esto te agudiza los instintos, todos, sin faltar ninguno. Cuando la dejas, es muy fácil reconocer a lo lejos a un ladrón, a un estafador, a un asesino, pero también a un santo o a una santa. El odio, el amor, la piedad, no tiene nada que ver con lo que el común de la gente siente al respecto de estos sentimientos.
 
Luis Rivano habla en el prólogo de El Roberto y la Julia que la calle da piedad…

Que definitivamente es cierto, porque como ya te explicaba, se agudizan los instintos, los sentimiento se agrandan porque no importa el tiempo, solo importa la subsistencia. Se ama y se odia con otra intensidad, con otra fuerza. No le puedes pedir a un niño que ha visto un asesinato a los tres años, y una violación a los seis, que no sea capaz de reconocer a un asesino, o a un potencial violador, con el solo hecho de estar parado a su lado.

Esta es una nueva versión de Romeo y Julieta (Roberto y Julia), un clásico del cual se han hecho muchas adaptaciones. ¿Qué tiene de especial ésta?

Que representa a un sector de nuestra población que es satanizado a diario en los noticieros. Yo tomo la trama y la llevo a esta realidad, con cosas y casos que veo a diario, y los uno, y juego con ellos en forma dramática, como en el clásico, pero libremente, sin traicionar esa realidad que conozco desde niño. Si la traiciono, entonces no escribo con verdad, y si no lo hago con verdad, la obra se pierde, no representa a nadie.
 
¿Cuál crees tú que es el fenómeno sociológico que se da en este libro y que desencadena los sucesos que ocurren en él?

La marginalidad forzada y salvaje en la que se está insertando a una porción más que importante de nuestra población. Es una parte excesivamente intoxicada con una publicidad donde se les promete el mismísimo paraíso, y que al final, después de anular voluntades, termina construyendo esperpentos esclavos del consumismo. Si supieras la cantidad de personas amargadas que existen hoy en día, no lo creerías.

En el libro hay una crítica abierta al sistema de país, que por un lado ejerce una represión brutal contra la gente de las poblaciones, pero por otra parte deja que se maten solos. ¿Cuál es tu opinión personal con respecto a este tema y que, como decía, se siente en el libro?

La crítica está, pero me esforcé porque el lector la descubra por él mismo, para no hacer discursos. Me cargan los discurso, debe ser por esto que no me caen simpáticos los políticos de todas las tendencias. Yo creo que quienes ejercen el poder, saben muy bien lo que sucede con las drogas. La droga mueve, y anota bien, 720.000 billones de dólares en el mundo entero. Siento y creo que quienes ejercen el poder, saben muy bien que la droga les sirve de equiparador social, de regulador sociológico automático. “Hay que dejar que la ROTÁ se mate y después entramos a contar los muertos”. Lo he escuchado más de una vez, pero no de forma oficial. Nadie de los que ejercen el poder lo van a decir en voz alta, pero se nota en la actitud. “Todos los rotos son flojos, potencialmente malos y no se adaptan al sistema, son flojos como los indios. Más seguridad ciudadana y la educación sigue siendo una mierda”. Yo digo en esta novela: A la mierda los prejuicios y los rotos, lo mismo que los paltones, son personas, y también tienen historias, lindas historias. Mi premisa de vida es que no importa la condición social de una persona, todos tenemos la capacidad de ser héroes de nuestra propia vida.
 
¿El amor es una forma de escape social, es decir, una manera de poder cambiar un poco el destino? 

Para mí el amor lo es todo, es el combustible mismo de la vida. El amor por un hermano, te hace perdonarlo y amarlo tal como es. El amor es la forma de poder hacer milagros. Te lo dije, soy creyente, por lo tanto, al ser hecho a imagen y semejanza del creador, podemos hacer cosas impensadas, ir más allá de nuestras posibilidades. Los que ejercen el poder, no matan a nuestros héroes, a nuestros referentes de norte, y a los otros nos mandan a la oscuridad: sólo ellos saben de Dios, Dios se acomoda a sus protocolos y por lo tanto, los rotos no saben nada de Dios.

¿Qué se siente haber ganado estos dos premios por tu novela?

Primero una gran alegría, pero serena, nada de soberbia porque para mí el éxito es ser feliz en el proceso de escribir. El premio es la meta, es la referencia que se alcanzó un puerto, pero también es la señal para la partida hacia otro.

¿Por qué crees que ganó tu libro?

Sinceramente no lo sé, pero me imagino que tiene los méritos necesarios para haberlo ganado. Para mí, como mérito, considero que una obra literaria debe ser básicamente, entretenida, original (que nadie haya escrito sobre lo mismo), clara en presentar la historia y sus personajes, debe poseer un lenguaje vivo, claro, lejos de lo retorcido y cercano al lenguaje «real»; debe tener un drama bien estructurado. También humor y ternura.

Puedes contarnos acerca de tu próxima novela...

Se llama “Toño, en la dura”, y trata sobre un lolo de 14 años que debe hacerse cargo de sus hermanas menores, porque su madre ha caído reventada por pasta base. Él también debe salir de la pasta para hacerse cargo de ellas. (De paso te cuento que cuando cumplí los 15, falleció mi madre y tuve que hacerme cargo de cinco hermanos menores. Si no escribes con verdad, tarde o temprano el lector inteligente te pilla y te bota el libro)

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Entrevista con Poli Délano:

Uno al vivir fuera de Chile, entiende mejor lo que es Chile

Patiperro desde su nacimiento (nació en Madrid en 1936), la vida de este escritor está plagada de viajes y de las consecuentes historias que le pudieran suceder o que pudiera ver o que pudiera imaginar en el extranjero un chileno con ojo de narrador. “Por las calles del mundo” (Editorial MAGO, 2009) es un libro con distintos cuentos, en diversos lugares del mundo, donde se desarrolla la noción de ese Chile por contraste, pero también del viajero como fuera de lugar, en el sentido de el extranjero de Camus.   

Por Sebastián Barros M.

No pude más y en mi afán por llegar
era un duende errabundo
que se perdió sin poderte encontrar
por las calles del mundo...

Tango “Garras”

El mismo día que hacemos la entrevista, esa misma tarde, Letras de Chile le hará un homenaje a Poli Délano por su “trayectoria y aporte incondicional a la literatura”. Me dice, Poli, una vez terminada nuestra conversación, que haciendo un conteo de sus publicaciones para preparar un discurso para la tarde, ha llegado a la conclusión que ha publicado más de cuarenta obras, sin contar aquellas que tuvo que escribir como escritor fantasma.
No hay dudas que es uno de los escritores chilenos vivos más importantes, y esto se termina de reflejar en el anuncio que se hizo en el lanzamiento de “Por las calles del mundo”: será postulado para que el próximo año le den el Premio Nacional de Literatura.
Dentro de este contexto, con muchos reconocimientos en el país hacia su obra, aparece su último libro, que recoge una parte importante de sus experiencias, que tienen que ver con sus innumerables viajes: cuando chico vivió en distintos lugares por ser hijo de un diplomático, después tuvo invitaciones en calidad de escritor al extranjero y a esto hay que sumarle su exilio durante la dictadura militar. Por eso los escenarios de los cuentos son Kenia, Nueva York, China, México, Suecia, Francia, etcétera.
Lo interesante de este libro, es que en los distintos patiperros que protagonizan los relatos (que podrían ser Poli como no), vamos poco a poco encontrando, en ese constante estar fuera de lugar, a un Chile, o mejor dicho a una idea sobre chilenidad. Entre más nos alejamos, pareciera que estamos más cerca. Porque claro, en la falta está el todo, en lo blanco está el negro; en lo que no es, está.  

¿Que significa “Por las calles del mundo” dentro de tu extensa obra?

Hace un tiempo se hizo una antología de mis cuentos con el Fondo de Cultura Económica; el libro estuvo dividido en tres partes: la primera era “Juventud divino tesoro”, donde se recopilaban relatos juveniles, con personajes vitales, jóvenes; después venía “Por las Calles del Mundo”, que eran cuentos que pasaban fuera de Chile, en otros países, relatando un poco la experiencia de los viajes; y la tercera era “No todo es color de rosa”, donde se juntaban narraciones más sórdidas, más conflictivas, que apuntaban al fondo del alma.
Me di cuenta que en “Por las Calles del Mundo” había varios cuentos interesantes, y además tenía otros, de la misma línea, que no estaban incluidos pero que perfectamente podrían haber estado. Después de la publicación de esa antología, todavía escribí más narraciones de “viajes”, entonces se nos ocurrió con un editor argentino la idea de hacer una recopilación de cuentos patiperros en un solo libro. Y ese resultado es este libro.

En el prólogo del libro hablas que el nombre “Por las calles del mundo” lo sacaste de tu padre, ¿Me podrías explicar eso?

Mi padre tenía una serie de artículos sobre distintas partes del mundo. Él pensaba publicar un libro que se llamara “Por las Calles del Mundo”, que contuviera todos los artículos de los países en los que él había vivido o de los lugares que había visitado. Pero nunca publicó ese libro, quedó el título flotando y yo lo usé primero en la segunda parte de aquella antología de cuentos que te mencionaba y para darle título a éste. Y el nombre viene de un tango que se llama “Garras”.

Viajero desde muy chico: un papá diplomático, después viajes que te tocaron como escritor invitado, el exilio durante la dictadura... ¿Cuánto influye en tu vocación literaria estos viajes?

Yo creo que fueron importantes, no sé si en la vocación, pero sí en la formación. Primero porque uno al vivir fuera de Chile, entiende mejor lo que es Chile. Lo entiende mejor por lo que no son los otros lugares a donde a uno le toca estar. Por lo que no es México, lo que no es Nueva York, o lo que no es Suecia. Entonces uno entiende con más relieve, con más tonalidades las características nuestras y de nuestro país, de su gente. Luego está la idea de que en todos los lugares donde yo he estado, siempre me pasan o veo cosas que pasan o conozco a personajes a los que les están pasando cosas, y ese es un poco el espíritu de este libro. En el fondo son cuentos que pasan en Suecia, Nueva York, París, en la selva africana, en Japón, Kyoto, Pekín, Hong Kong, pero siempre con la mirada de un chileno que está viendo lo que pasa ahí o que está viviendo algo que pasa por ahí.

Se nota mucho también el concepto de chilenidad, ¿Cómo lo entiendes tú y cómo crees que se desarrolla en estos cuentos?

Por ejemplo en el relato “Como buen chileno”, hay un rasgo típico de nuestra idiosincrasia, de nuestra manera de conducirnos al mundo, que es la sospecha y la desconfianza en el prójimo.

De estas ciudades que salen en el libro, ¿Cuál te marcó más?

Yo creo que Nueva York me marcó bastante y Ciudad de México; aunque no sólo la capital mexicana, sino que todo el país, porque lo recorrí bastante. Y China, por lo que estaba pasando ahí, por el cambio social que se estaba realizando, parte del cual fui testigo a fines de los 50.

¿De África y esta relación que haces con Hemingway y con el monte Kilimanjaro?

Yo anduve en África, ahí no viví. Estuve de paso en un viaje medio turístico que hice. Y anduve por la zona en donde Hemingway iba a cazar, en la selva de Kenia, en la frontera con Tanzania, que es donde está el volcán Kilimanjaro que casi divide a las dos naciones. Anduve ahí en un safari y eso es lo que cuento en “Un leopardo en la cumbre de un volcán”, nombre que es tomado de un epígrafe de Hemingway, que dice más o menos qué puede haber andado haciendo un leopardo en la cumbre de un volcán, porque se encontró en la copa nevada de un volcán a un leopardo congelado.

Otro tema importante en el libro es la emoción del de afuera, del viajero, que incluso se nota en ese cuento que pasa en Chile, donde el personaje principal parece estar siempre fuera de lugar.

De repente pensé que el patiperro chileno podría estar tanto adentro del país como afuera, y el personaje de ese cuento de alguna manera  es como un extranjero, un foráneo.

En “Aria para la cuerda de sol”, cuento que sucede en Nueva York, hay muchos personajes reales, nombres de personas que existieron de verdad, ¿De dónde nace este relato?

Ese cuento transcurre en Nueva York durante un verano y es el recuerdo que yo tengo de algunas cosas que sucedieron allá. Yo conocí a todos los personajes que están ahí, en general chilenos relacionados con las artes: un violinista, un pianista, un pintor, etcétera. El personaje central del cuento es un violinista que fue mi profesor de violín. Era un tipo muy talentoso que yo creo que era un genio, dio su primer concierto cuando tenía sólo cinco años. Si hubiera persistido, si hubiera tenido más disciplina, tenacidad y voluntad habría sido uno de los mejores violinistas del siglo XX; pero la vida lo fue llevando por algunos vericuetos y se fue perdiendo poco a poco. Muchos años después cuando yo estaba exiliado en México, me enteré de la muerte de este personaje, que era un personaje real y me impresionó; ahí nació entonces este cuento cuyo presente es cuando el personaje se está muriendo, él está agonizando y revive los hechos de ese verano en Nueva York.
 
Una de las cosas que se siente en este cuento, y que se va repitiendo en otros relatos, tiene que ver con la soledad. ¿Tú crees que una de las cosas que marcan al viajero es esta soledad, el sentirse y estar muy solo?

No sólo al viajero. Cuando yo junté los cuentos que iban a integrar mi primero libro que se llama “Gente solitaria”, le busqué un título. Como era primera vez que publicaba un libro, no sabía qué título ponerle. Le pregunté a mi padre y revisamos los cuentos y todos eran de personajes que andaban solos en  el mundo, entonces de ahí salió “Gente Solitaria”. Y eso ha sido también una constante: el solitario es uno de los marginados dentro de mis personajes.

Otra de las nociones que se nota harto en algunos cuentos es la del exilio. Tú estuviste exiliado en los tiempos de la dictadura, y en el cuento “Blowing in the wind”, que pasa en México, y dos que pasan en Suecia, “Nadie en Shepargatan” y “Marionetas”, tienen que ver con este tema.

“Marionetas” es un cuento escrito en los primeros momentos del exilio, en las primeras semanas, es un cuento escrito con mucho dolor, con mucha rabia.

Suecia fue un lugar emblemático del exilio chileno…

Y es donde yo llegué primero, antes de irme a México. “Blowing in the wind” es de un exilio más tranquillo, donde ha pasado tiempo, tiene que ver con el análisis del exilio pero ya con una distancia. “Marioneta”, en cambio, es lo contiguo, refleja la sensación inmediata de los derrotados, plantea una ruptura matrimonial no precisamente con el exilio, sino que con el retorno.

Ese contraste que se siente es claro, porque en el de Suecia vienes con Chile a cuestas, y en el de México pareciera que va a terminar con la vuelta al país. De alguna forma refleja lo que fue tu paso por tierras foráneas en ese tiempo, ¿Cómo fue esa experiencia para ti, el estar fuera de Chile?

Para mí no fue una aventura nueva estar fuera de Chile porque yo ya había vivido en México, en Nueva York, en China. Por lo que tenía cierta profesionalidad en estar en el extranjero, en viajar. Pero lo que sí fue una aventura fue el haber estado afuera como exiliado, eso es distinto, es otra cosa. Es una presión, un impedimento, una imposibilidad. Y no hay ningún exilio bueno aunque uno haga del exilio algo positivo. Hay personas que se echaron a morir y que se murieron finalmente, conozco casos. Pero también el exilio se puede convertir en algo positivo, en otra forma de lucha contra las circunstancias que lo produjeron. De hecho, en esa situación fue la primera resistencia brutal contra la dictadura. Y no estoy comparando la resistencia del exilio con los que estaban luchando aquí clandestinos, pero la imagen mundial de Pinochet se debe en gran parte al trabajo que se hizo afuera.

“Piano-bar de solitarios” es el nombre de una novela tuya, leí por ahí que es una de las obras narrativas chilenas más importantes que se hicieron en el exilio. Un poco con lo que estábamos hablando de lo positivo que se puede sacar del exilio, para ti también fue una forma de poder seguir generando una obra muy importante, y también lo que hablamos recién de la soledad, del impedimento y la rabia, ¿Cuánto influye el impedimento en tu literatura durante el exilio?

Claro, el exilio se introduce como temática, como fenómeno vital en ti. Muchas cosas de las que escribes, de las que crees, después o durante un exilio pueden ser profundamente marcadas, aunque no te lo propongas. Por ejemplo yo escribí en México una novela que se llama “El hombre de la mascara de cuero”. No tiene nada que ver con Chile, ni con la sociedad chilena, ni con la dictadura, ni con la represión, ni con el exilio. Los personajes son mexicanos y norteamericanos. Hay una vieja, una señora, y un luchador de lucha libre. Es una obra que pasa en los años cuarenta en Ciudad de México y sin embargo cuando uno la ve con detenimiento, los personajes son exiliados y están viviendo un extrañamiento con respecto a sus propios países. Y eso no fue una cosa que yo dije voy a escribir del exilio, pero me salieron esas historias. El gringo era un tipo que no podía volver a Estados Unidos por razones político-legales, ya que en una lucha sindical, en una pelea entre sindicatos, había matado a combos a un tipo, entonces no podía volver. Y la señora se había venido a México a enamorarse del pintor Diego Rivera y se había anclado obsesa con eso, y también había una nostalgia hacia su tierra.

Has hecho clases mucho tiempo sobre literatura norteamericana, y estar en Nueva York, un lugar donde hay muchos escritores que te han marcado, ¿Qué produjo en ti?

Todo lo relativo a mi vida en Nueva York lo escribí en un libro que se llama “Memorias Neoyorquinas”. Yo viví en Nueva York la pre adolescencia, antes de ser escritor y antes de saber que iba a ser profesor de literatura. Pero leía, y ya en Chile cuando supe que quería escribir, elegí una carrera que me fuera útil para lo que yo quería, que fue pedagogía en inglés. Y ahí me largué a leer a los escritores norteamericanos y terminé siendo catedrático de literatura norteamericana en la universidad, hasta el día del golpe.

En el prólogo otra de las cosas que dice es que en Nueva York aprendiste a usar los puños…

En cada barrio había que pelearse con el matoncito local para poder entrar a jugar, para tener acceso al núcleo de muchachos que jugaban al baseball o al hockey o que patinaban.

Es una sociedad bastante violenta, se siente también en sus escritores, en su literatura, ¿Tú crees que tiene que ver también con tu literatura, que te influyó esa violencia?

No, mi vida en Nueva York influyó en el hecho de que yo fuera escritor. Las experiencias que tuve ahí fueron cosas que se grabaron muy fuertemente en mi memoria, en mi disco duro.

Este año salió “Memorias de Nueva York” y “Por las Calles del Mundo”, libros donde se recoge tus vivencias, ¿Crees que ha llegado una etapa en donde la experiencialidad de tu vida va a influir en la literatura que estás haciendo?

Yo siempre he sido un escritor experiencial. Siempre he partido de mis vivencias, de mi conocimiento de los personajes del mundo, de la vida, más que de la imaginación o de las lecturas.

Pero qué etapa como escritor tú crees que está llegando...

Bueno me metí en esto de las memorias, me resistí mucho al comienzo, me costó. Pero me metí y ahora estoy escribiendo las memorias mexicanas que saldrán al comienzo del próximo año si lo termino bien. Entonces estoy en esto, en memorias. Pero al mismo tiempo estoy en una novela y la llevo bastante avanzada, tengo más de 300 páginas escritas. El personaje central iba a ser Jorge Teillier, pero se me fue disparando la novela y terminó siendo no de Teillier, sino que sobre esa generación literaria formada en el pedagógico. Y de un maestro que no era del pedagógico, sino que era amigo de todos, que era el escritor Rubén Azocar, un hombre mucho mayor que nos acogía en su casa. De alguna manera esa novela también es memorialista, pero es novela, aquí estoy inventando y estoy mintiendo, estoy contando cosas que no pasaron así, pero reflejando todo un período de mi vida y de la vida de estos personajes que es memoria.

¿Cómo tomas esta postulación que se hizo durante el lanzamiento de “Por las Calles del Mundo” al Premio Nacional de Literatura?

Hay un equipo de dos o tres muchachos que me dijeron que me iban a postular para el Premio Nacional y que van a hacer el trabajo. Yo les dije que bueno, cómo les iba a decir que no. Pero lo están haciendo ellos, no yo. Y bueno creo que tengo una trayectoria suficiente, no digo que soy el único, pero tengo una trayectoria que puede estar en la competencia. Y este reconocimiento es una especie de mini coronación que significa bastante para un escritor que vive de su trabajo literario. No de sus derechos de autor, porque aquí casi nadie vive de eso, pero sí de su trabajo literario. Porque el Premio es una especie de jubilación, es una renta vitalicia que ayuda a pasar los años que quedan de mejor forma.

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Comentario del libro Lamentaciones bajo este cielo, del poeta Aldo González.
MAGO Editores. Colección Tránsfuga.


por Giovanni Astengo M.

Este primer libro del poeta Aldo González  tiene la particularidad de lo Original, a veces muy difícil de encontrar en poetas jóvenes y sobre todo en óperas primas. La voz del libro no hace ruidos o referencias, al menos inmediatas o evidentes, con otros autores citados, parafraseados o plagiados hasta lo indecible. Como tampoco, de ninguna manera, siendo poeta de provincia asume ese vicio del ethos y la estética lárica, repetida hasta el cansancio en tantos poetas de esa condición.

Lo que se asoma como tono de estas lamentaciones, es un desencanto, una constante fijación en el thanatos, como una búsqueda de sentidos existenciales sumidos en un tedio, como quien habla desde una oscuridad y un hastío humano que recuerdan un tono cercano a Vallejo, pero que surge de forma natural en ciertos textos espléndidos como es el caso del poema En vano:
                        
                            Corro, corro, corro

                            Las espinas hieren mis pies
                            Los árboles hieren mis ojos

                            Corro corro corro

                            Llevo sangre en las espinas
                            Llevo sangre en los árboles (…)

                           Corro corro corro

                           Y en vano corro

Otro bello texto en esta tonalidad es Lluvia: Lluvia que no adivinaron los más viejos que lo adivinan todo/ (…) Lluvia que nadie vio su caravana de nubes/ (…) Lluvia que sólo yo imagino/ limpiándome de todo el dolor/ arrodillado/ ante el Dios sordo de este invierno.  No obstante, esta pesadumbre busca en forma desesperada respuestas al sin sentido si se bucea en la lectura de las entre-líneas, pasando de ser Lamentaciones bajo este cielo a una suerte de rogativas bajo este cielo, como ritual que limpia en pequeña medida la constante queja de un mundo que no encaja en el mundo del hablante, realidad que choca como rompiente incesante. Ya que, en general, dentro de todo lo mustio que carga el mundo poético de González hay rendijas de luz puestas en la nominación constante del diálogo con cierta fe que se busca, pero que no es fácil de hallar a simple vista.
  
  
El libro en general funciona bien, pese a extrañarse una unidad más sistematizada. Pero que no por eso resta en calidad. De alguna manera el libro acierta más en los poemas de corte epigramáticos, sin dejar de lado buenos textos de aliento más largo. Pero sin lugar a dudas en la síntesis de los mencionados En vano, Lluvia, logra sus momentos más epifánicos y profundos a la altura de los grandes temas aludidos. Lo mismo sucede con el extraordinario poema Libro miserable, donde el libro es el libro que debería titularse VIDA, juego donde literatura y experiencia se fusionan resultando especialmente atractivo aquel matrimonio, como en el texto Palabra caída,  que opera como una muy  buena arte poética y ejercicio de meta-lenguaje dentro de este gran primer libro que nos brinda el poeta Aldo González.

                          Se me cayó una palabra de la boca
                          no sufrió daños de fonemas ni de semántica
                          aquí está
                          aún sangra
                          aún late
                          como un corazón
                          entre mis manos (…)

                          será literalmente una
                          palabra caída

                          Fonemas
                          semántica
                          sangre
                          seca
                          entre mis manos

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Entrevista al poeta Aldo González:

Este lamento se transforma finalmente en un ruego sordo, que no es escuchado, en una lamentación inútil, porque ese cielo no escucha

Lamentaciones bajo este cielo (MAGO Editores), opera prima del poeta lololino Aldo González, es un grito desesperado -o un gemido- de un hombre que busca a otro para comunicarle el lamento largo y profundo que es la vida. El grito sube, buscando en el cielo, en el símbolo religioso que es el Cielo, una respuesta. Pero allá no hay respuesta, sólo un tope gigante que nos cubre con su indiferencia o con nuestro propio eco.

Me lamento / de mi fe inoperante / de amar tanto la vida / de lo que soy y no soy / de lo que tengo y no tengo / de lo que me he convertido / y del derrumbe que me espera.

Algo que llama enseguida la atención de Lamentaciones bajo este cielo (MAGO Editores, 2009) es su portada. En ella hay una ventana rectangular partida en seis cuadrados. A través de cinco de estos pedazos se ve la inmensidad de un cielo amenazador; de nubes que se acercan en manada en una posible amenaza de lluvia. En el sexto cuadrado, abajo a la derecha, hay un tipo o la sombra de un tipo sentado, de cabeza gacha, tomándose ambas piernas con sus manos. Está en un juego de contraluz donde él es oscuridad y el fondo que se alcanza a observar en la imagen es luz.   

La ventana entonces por donde se entra al libro ya lleva algo de la poesía que está en su interior: la sensación de pequeñez frente a la inmensidad; la ironía de estar adentro y afuera al mismo tiempo; el juego de contraluz que es la vida.

Lamentaciones bajo este cielo es una contemplación irónica a la muerte y a la fe que pasan arrastrándose entre los zapatos de los inconformistas y atormentados por la propia existencia de sobrevivir en un globo cargado de violencia y superficialidad”, comenta Angélica González en el prólogo del libro.

¿Cómo es la posición poética que asumes con respecto a una sociedad como en la que vivimos hoy?

La poesía sin duda da la posibilidad de poder expresar ciertas cosas que tienen que ver con la visión que uno tiene del mundo, de la sociedad en que está inmerso, de su propia existencia y yo creo que es una herramienta artística que es muy potente en ese sentido; de poder decir cosas que tal vez otros no dicen o que no se atreven a decir, y cosas que muchas veces no son bonitas. La vida es un cúmulo de cosas amargas y otras alegres. Yo creo que hay que atreverse a decir esas cosas, de modos que otras personas también se sientan identificadas con esos temas, con esas posturas frente a la vida y tocados también, emocionados.

¿Qué hace que un poeta sea poeta?

Yo creo que el poeta es la persona que hace una detención en el diario de vivir y se pregunta ciertas cosas, se cuestiona otras, se plantea de una forma, incluso muchas veces crítica respecto a ciertas realidades. Por ahí podríamos decir que es una persona distinta, porque el resto pasa nomás, el resto vive, pero muchas veces no hace este ejercicio de mirar, de pensar las cosas, de preguntarse, de cuestionarse; de intentar buscar respuestas.

Claro, y tiene un costo hacer este ejercicio…

Yo creo que tiene un costo en dos sentidos; un costo positivo y un costo no sé si negativo. El positivo es que muchas veces es un desahogo, una forma de exteriorizar y de canalizar muchas cosas que son muy fuertes y que están muy guardadas, que son muy internas. Es la forma de vaciarlas de cierto modo y que el resto las conozca. Pero cuando digo la parte que el resto las conozca, está la parte negativa, porque es como una fotografía que el resto te toma; cuando he hecho algunas lecturas o presentaciones de libros, surgen muchas preguntas de la gente respecto de por qué pienso ciertas cosas, por qué digo otras y por ahí enlazadas con el hecho de ser joven y por qué digo cosas tan amargas. Es estar desnudo frente a la gente, frente a un público y el resto descubre cosas que hasta el momento no sabía de ti. Antes veía la parte de afuera, la cáscara, pero no había visto lo que había adentro de este personaje, de esta persona.

¿Por qué tu lamento busca el cielo?

Yo creo que tiene que ver un poco con al visión que tengo de Dios, de plantearse este constante cuestionamiento y lamentarme de cosas, pero bien general, porque me lamento de hasta de las cosas buenas que tengo; me lamento de lo que soy y no soy, de lo que tengo y no tengo. Este lamento es como una gran oración y el cielo es el símbolo de Dios, pero finalmente se transforma en un ruego sordo, que no es escuchado, en una lamentación inútil, porque ese cielo no escucha. Es un Dios sordo que no hace caso de lo que digo y le pido, o de las necesidades que tengo.

Es como una burbuja, un encierro, esto de estar pero no salir, que no exista una apertura y que uno queda ahí apresado en esta situación de querer recibir respuestas y no recibirlas. Es como la prisión o la cárcel: el cielo que trasforma en un tope, te encierra.

También tiene que ver con esta cosa intocable, infinita, inalcanzable, esta sensación de pequeñez frente a la inmensidad, de sentirse nada frente al todo, de ser parte de ese nada y del todo. Es una confusión de cosas, pero en el fondo es este ser mínimo y solitario que está  inmerso en este gran espacio que es indiferente y frío con él.

La mayoría de los poemas son un enfrentarte a ti mismo.

Lo que intenté acá fue ser lo más honesto posible y de decir aquellas cosas que no me gustan, con las que no estoy de acuerdo, con las que sufro; mostrarme como una persona que no siempre está feliz, que tiene vacíos, que tiene ciertas necesidades importantes... el libro es una forma de mirarme y de mostrarme como soy.

¿Qué ves tú en la idea del hablante que sufre?

La vida es un conjunto de cosas que no siempre son bonitas o positivas. Entonces a pesar de ser joven, hay muchas cosas con las que no estoy de acuerdo y me siento disconforme. Hay cosas que también he ido viviendo en el ámbito familiar o individual, cosas que me han ido marcando mucho; ciertos sentimientos y sensaciones que a veces no son tan agradables. Ha sido un proceso de ir hablando de esas cosas, poniéndome frente a esas realidades y entregando mi punto de vista personal respecto a ellas.

El libro parte con un poema que se llama “Invoco”, lleno de imágenes demoníacas y que termina diciendo “quiero ser más humano que nunca”. Aceptarse en esa realidad de humano, ¿ayuda a abrir los ojos, a entender un poco esta realidad de otra forma?

Este texto ha sido interpretado de maneras muy distintas; hay interpretaciones que lamentablemente son muy literales, porque la gente no entiende, entonces lo ve por el lado de lo satánico. Hay una anécdota que yo le vendí el libro a un señor porque se lo quería regalar a su hija. Dos semanas después me vuelvo a encontrar con él y me dice, “mi hija no quiso seguir leyendo tu libro porque se asustó ya que hay menciones al diablo”.

Lo que yo quise decir en este poema es que la idea que tengo de ser malvado hoy, es ser humano. Todo aquel elemento o aspectos que no son de bondad, son los que muchas veces son valorados para decir que alguien es un ser humano.

Es una forma de enrostrar…

Claro, es una crítica. Por eso termina “para que sólo Él me trasforme en la bestia más bestia, porque hoy quiero ser más humano que nunca”. Es decir, somos más humanos si somos más bestias, si somos más malvados, si hacemos más daño.

También podría verse como una búsqueda de lo maligno, de este ser malvado, como buscando el camino contrario, de querer trasladarse de esa maldad a una existencia de bondad, de buscar el sentido verdadero del ser humano.

Eso habla de otro tema que atraviesa tu libro: la búsqueda.

Hay una búsqueda de la felicidad, del amor también. Los textos en general hablan de mucha carencia de amor, de soledad, de disconformismo, de sazón y todo esos temas; yo creo que en un aura un poco oscura, hay una búsqueda de una claridad y felicidad anhelada, de un amor deseado. No amor estrictamente sentimental, sino amor completo. Tiene que ver con la búsqueda de cosas que no han sucedido o que no se han dado y que están ahí pendientes; no sé si algún día se van a resolver.

Al final se transforma en una búsqueda infinita, porque vas logrando pedacitos de cosas, pero nunca vas logrando cosas completas y cuando logras esos pedacitos, van surgiendo otras necesidades y otras cosas que te van empujando a una nueva búsqueda y eso te hace seguir escribiendo, cuestionándote, preguntándote.

Otro de los poemas, “Incubación”, me llamó mucho la atención. Ese algo que está ahí y que no puede ser sacado…

Es esta cosa que se introduce en tu cuerpo y en tu vida y que entra sin permiso y se queda ahí. Son estas cosas desagradables o no tan bellas que se van introduciendo en tu cuerpo como un virus, que se pegan a ti y no te vas dando cuenta. De repente están en ti, se incuba y se transforman en una sola cosa: al final esa incubación y yo somos lo mismo; la misma tristeza, la misma soledad, el mismo desamor.

En una entrevista leí que alguien decía “la poesía no sirve para nada”. ¿Qué piensas de esa frase?

Si la vemos desde un punto de vista práctico, no sirve para nada, pero si la vemos desde una dimensión distinta, quizás espiritual, puede ser que a alguien le pueda servir; puede ser que alguien se sienta identificado con una poesía, puede que alguien encuentre algún tema o una idea que lo represente muy bien. Puede que sirva como referente de ciertas cosas importantes que la gente quiere decir y encuentra en otra persona -en el poeta en este caso- esa expresión. En mi caso, tiene esta utilidad de exteriorizarse, que se transforma en una vía de salida de muchas cosas que estaban guardadas.

También que cumple una función social muy importante…

Yo no escribo con una intención de utilidad, yo escribo porque es lo que pienso y porque me gusta escribir. Cada vez más hay gente que escribe, pero no sé si para el resto será importante.

A uno también le interesa que la gente lea poesía y que lo lea a uno, que vaya a las presentaciones… pero por otro lado tampoco me interesa tanto. Es lo que yo hago y lo que otros hacen también; una forma de comunicación.

¿Has leído algún verso que te haya cambiado la forma de ver las cosas?

Tengo una anécdota en el sentido de esta pregunta. En el lanzamiento oficial de mi libro, hubo una persona que se sintió muy identificada con uno de mis poemas, que tiene que ver con este estar en el mundo. Él me comentó ese día que no se había dado un minuto para pensar quién era y en qué realidad estaba, y que ese poema lo había hecho pensar y reflexionar sobre estas cosas. Creo que el poema toca, llega a la gente, con alguna palabra, algún verso; con alguna de sus partes que a veces uno ni se imaginó.

También hay un miedo y distancia a leer poesía, porque consideran que es muy crítico y enredado el lenguaje, muy complejo, sienten que es como una puerta que no se puede abrir. La gente muchas veces piden explicaciones y eso es muy latoso, porque los poemas no se explican, se sienten. Hay poemas que tocan muy fuerte a una persona en particular y a otra persona nada.

En el poema “Olvido”, hablo de mi padre y en una presentación en Santa Cruz, se me acerca una señora de edad y me dice que esas palabras la dejaron descolocada, que se iba enferma de ahí. En esa oportunidad yo leí como 10 o más textos y ella me dice, “se me borraron todos los otros textos, éste es el único que me queda grabado”. Se sintió casi mal porque se acordó de su papá, no sé por qué lado lo tomó.

¿Qué sentiste cuando te dijo eso?

Igual es fuerte y hay dos sensaciones. Una no muy buena, pero por otro lado uno se siente bien, porque el texto produjo algo en una persona, es bonito; del mismo modo a veces no es una sensación placentera, porque hay cosas que pueden estar dormidas y que no son muy agradables y los poemas remueven esas cosas y hace que la gente se acuerde de cosas tristes. Pero bueno, ese es uno de los objetivos del poema, que pueda emocionar, que pueda llegar, que pueda entrar en la persona y pueda remover ciertas cosas que pueden estar muy escondidas.

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Dos miradas poéticas a Asuntos pendientes

El 15 de mayo se llevó a cabo en la Sech la presentación del poemario Asuntos pendientes, del joven poeta Max Fernández. Los presentadores del lanzamiento fueron los poetas Giovanni Astengo y Andrés Morales. Aquí les presentamos su análisis del poemario.

Leyendo sus poemas Max Fernández. A la derecha de la foto Andrés Morales y a la izquierda Giovanni Astengo.

Primera mirada: Andrés Morales.

Se trata de un primer libro que no parece primero. Tanto en el tono, el estilo, como el “acabado”, es decir en la forma, el libro es prueba de una madurez poética y de un oficio que presagian libros aún más intensos que éste.

La vos seria, reflexiva, honda, pero en ningún momento es grandilocuente, pesada, digresiva. Al contrario, en la sencillez de la misma, por profundo que sea el tema, está la clave de un hablante “que se atreve” con todo, pero que no interfiere, no molesta, está siempre presente, pero como en un “segundo plano”.

Hay presencias que inundan todo el poemario, desde las iniciales citas de Goethe y Eduardo Anguita, hasta las intertextualidades vivas con Rilke, Tellier, Gonzalo Rojas y, en general, la “gran” tradición poética de la que Fernández se hace cargo. No hay miedo a pertenecer a una o diversas tradiciones, por el contrario, el autor se siente libre en el palimpsesto.

Como he dicho antes, esto no es un libro “altisonante”, pero tampoco, por ningún motivo, “anodino”. El poeta indaga en los grandes temas de la poesía: el amor, la muerte, el tiempo, pero este no es un libro “rotundo”  que ambiciones dar respuestas. No. Se trata de un “libro de las preguntas”  donde el hablante se cuestiona y cuestiona al mundo sobre estos y otros asuntos.

Por lo mismo, no es este un libro “concesivo”, es decir, que busque el aplauso, en la forma, ni menos en el reconocimiento, en el tratamiento de estos temas. Hay un amor, un abrazar el mundo, pero también está la monotonía [en esto muy al estilo de Antonio Machado], el por momentos no sentirse “perteneciente”  a ese mundo, el querer cambiar la realidad con el tiempo como instrumento y arma de doble filo.

Finalmente, quiero saludar a este nuevo poeta como un autor que consigue crear atmósferas, que apela a la emoción y el pensamiento, que huye de las modas para hacer, lo crean o no, lo que es más difícil cuando uno escribe. Componer, hacer, lograr una buena poesía.                    

15 de julio.

Segunda mirada: Giovanni Astengo.

Asuntos Pendientes me conmovió desde que de una u otra forma me involucré en su proceso creativo y experiencial. Yo ya conocía poemas por separado, pero cuando se me entregó el manuscrito como libro, llenó de sentido todo aquello que Max en uno de sus textos acusa: No todo es símbolo.-aunque de una forma si lo sea- El poeta abre estos textos desde lo vivido y pispado, tan inefable como la tragedia de la muerte de un ser querido, no obstante, no podríamos situarlo como un libro elegiaco, sino que a partir de ese hecho trágico para cualquiera, abre mundos de nostalgia , pero de una nostalgia celebratoria. A la manera portuguesa Saudades. Todo está lejos y en ninguna parte el círculo se cierra- Nos recuerda citando Rilke.

 El primer poema es Epitafio, bello poema que inicia de esta forma:

En un par de minutos todo puede cambiar

No se puede cruzar la delgada línea del fuego
Sin caer herido

Después de tu partida

Cada objeto, persona, hombre, mujer

Presentan un mismo aspecto, un mismo sentido, un solo matiz

 Estos versos, en sí mismos ya espléndidos, abren el serpenteante viaje de este libro. La experiencia de la muerte cercana dota de nuevos sentidos todo Lo existente en lo real- concepto empleado por el autor. La experiencia de la muerte - re-significa el sentido existencial, dotando así de nuevas perspectivas su mundo, como  su concepción poética y su ethos. Desde aquí comienza a fluir lo que será el libro, un fluir desde lo impermanente hasta llegar al arraigo. Un concepto que recorre la obra es de  Otredad, clave y señal, repetición que acompañará todo el viaje Yo es el otro- a la manera de Nerval o Yo es otro citando a Rimbaud.- ambos conceptos sin la contradicción teórica, sino más bien operando en sincronía- Tanto así que la preocupación del otro se hace explícita al final de Epitafio, donde el autor deja líneas para que el lector agente ponga en justo lugar  a sus propios muertos y construya  su propio epitafio para los suyos. Esto más que teoría de la recepción, donde el lector le da completitud al texto, el autor convierte a su lector en cómplice.

Después del poema mencionado se abren los reinos de la infancia, el problema del Ser, el tiempo y la muerte, pero por sobre todo una valoración a la vida, o mejor dicho una re- valoración de esta a través de lo nimio o lo que pareciera leve como un trote matutino, plazas de avellanos, la vida de provincia o  un tacho de café vacío para pescar pejerreyes junto al padre. No por nada el poeta pone como epígrafe Detente instante fugaz, eres tan hermoso  de Goethe. Porque aquello que Max expresa es imagen y  atmósferas que se desvanecen o diluyen en un instante, pero sin embargo, se eternizan o atrapan con maestría en su escritura, profundizando las zonas mudas de lo indecible, lo inefable. Para este fin los textos se construyen desde la síntesis exacta, recuperan y revitalizan al viejo pony de la poesía chilena- el tan manoseado epigrama- y por otra parte la tradición Zen del haikue japonés, como si nos susurrara al oído un texto de Issa: Cruzamos por el infierno contemplando flores.  Referencias que no entorpecen los textos sino más bien los enriquecen. No es casual que el texto se abra con un epitafio y luego lo siga un poema llamado infancia, desde ahí hacia adelante  el camino  que traza  Max  es a recorrer los sagrados lugares para volver a su propia Ítaca  y más que Ulises es la travesía de Telémaco.

Si uno pudiese armar esto como un puzzle este libro se podría clasificar en cuatro partes fundamentales: 1. El poema Epitafio como apertura y clave de análisis para entender el hito que moviliza al poeta. 2. Poemas o epigramas que nostalgian y añoran una infancia sureña y provinciana– un mundo donde el mito adquiere un valor sustancial, lugar que podría ser el pueblo de Fresia,  pero a la vez la reinvención de un mito personal. 3. Los haikues  operan como transición hacia la última separata Asuntos pendientes- que nomina el libro- donde a través del verso breve trasunta toda la experiencia anterior para establecer lo que falta, la carencia y la fisura y las múltiples posibilidades de redención y de mundos- o multiversos posibles y por hacer
                 
           Viajar al pueblo de la infancia
             Ver si aún la plaza de avellanos
             Sigue allí, frente a la iglesia, al correo,
             A la municipalidad. 

(Un Asunto pendiente con su propia historia.)     

La poesía de Max Fernández es en definitiva, lejos de las pirotecnias y formulillas, una invitación a respirar para que los demás respiren- a la manera de Teillier-. Leerlo es para ustedes, futuros lectores, un asunto más que pendiente.

El resto es silencio…

                                                                             Otoño 2009.                                                

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Pedro Aznar, una invitación a viajar por la noche

En un alto a su intensa agenda musical, en la que tiene contempladas varias regiones del país, el ex bajista del mítico Serú Girán se dio tiempo para hablar de su poesía. “Dos pasajes a la noche” es su segundo libro que pronto estará en librerías y que en noviembre próximo lo traerá de regreso a Chile a la Feria del Libro de Santiago, pero esta vez como poeta.

Por Macarena Candia y Juan Pablo Belair

Como cada fin de otoño desde hace ya un par de años, Pedro Aznar visita nuestro país para cantarle a su fiel, especializado y cada vez más expansivo público chileno. En esta oportunidad recorrerá varias capitales regionales: Concepción, Temuco, Valdivia, Puerto Montt, Calama, Antofagasta, Valparaíso y Puerto Montt con su disco doble Quebrado. Una producción que como el mismo dijo “es el que tiene más canciones que nacieron como poemas y luego se musicalizaron, y no al revés”.

Y es que esto de la escritura no es nuevo en Pedro, desde su infancia siempre amasó, entrelazó ideas y las convirtió en poesía, pero fue recién en 1992 que, alentado por amigos y algunos escritores, decidió publicar sus versos en el libro Pruebas de fuego. “A mí me daba un poco de recelo por una especie de pudor, una sensación de desnudez”, comenta el ex integrante de Pat Methany Group y agrega: “Pruebas de Fuego fue una experiencia muy interesante por un proceso interior mío (...) Publicar un libro, es perder el miedo a crecer en público que es lo que uno termina haciendo todo el tiempo cuando se dedica a comunicarse a través del arte. Estás creciendo en público, vas haciendo tus procesos dolorosos o felices ante el ojo público, y eso tiene sus dificultades y sus peripecias particulares, pero también tiene sus ventajas”.

-¿Por qué tardaste 17 años en publicar tu segundo libro?

Fue por una serie de circunstancias. No es que no haya escrito lo suficiente para publicar en esos años, de hecho lo hice. Fue un poco por el desencanto del mercado editorial. Como esto de publicar había sido inducido desde afuera y a pesar de que fue algo muy feliz, el hecho que Editorial Planeta no renovara el contrato conmigo me enfrió un poco ese entusiasmo. Yo seguí escribiendo para mí y pasaron años en los que no hubo ninguna propuesta y dije, bueno, ok, volverá la poesía a ser lo que era antes de publicar: un lugar mío, una herramienta para conocerme, para descubrirme, para entenderme.

-¿Cómo se gestó, entonces, Dos pasajes a la noche?

De una manera casual, un poco destinal. Hablando con Diego Rafecas director de la película Un buda de la cual yo hice la música, me comentó que los co productores de su film y sus grandes amigos eran los dueños de la Editorial Longseller y que a ellos les interesaría mucho mi poesía. Hablamos con ellos y ahí surgió la idea de hacer el relanzamiento de Pruebas de fuego en 2005 y ese mismo año ya planeamos hacer Dos pasajes a la noche. Tenía título y una cierta forma, no la estructura final pero sí muchos de esos poemas que estaban escritos quedaron finalmente en el libro.

-¿De qué se trata este libro?

En Dos pasajes a la noche hay tres grandes áreas: una que tiene que ver con mi diálogo con el paisaje externo; una que es como ritos de pasajes, como de pruebas en momentos bisagras; y el tercero, que es el otro lado de las cosas, un poco más el lado oscuro, son poemas que hablan más de la pérdida, del fin, de la muerte. El poemario está dividido en tres secciones: la primera titulada De este lado del día, la segunda, De pasajes y la última Del otro lado de la noche.

A pesar de su aspecto serio y concentrado Pedro reconoce no tener un método para escribir ni mucho menos un lugar de inspiración, simplemente la poesía le brota de un sueño, de una reflexión, de cualquier modo y en cualquier parte. La mañana de la entrevista mientras desayunaba escribió uno. “Me desperté y me empecé a hablar y a pensar sobre un par de cosas y me di cuenta que era un buen título y del título empecé a tirar de ese hilo y vino el poema”. Algo parecido ocurrió con Asimetría, un tema de Quebrado que grabó de una vez, en una toma y que prácticamente compuso al piano y grabó en el mismo momento.

Sin embargo y a pesar de que no le gusta corregir sobre lo ya creado, para Dos pasajes a la Noche, cada detalle del libro lo trabajó con un editor, Marcelo Cayulo, (recomendado por su amigo Víctor Heredia), desde el formato, los colores -que dialogan armónicamente con el dorado luminoso de Pruebas de Fuego- hasta los detalles de palabras, ritmo, mancha gráfica y extensión de los versos. La idea era que el libro tuviera un “hilo conductor y que se moviera con la gracia de una novela, que fuera conduciendo al lector por determinados paisajes”, explica un entusiasmado Aznar.

-En tu carrera musical has producido discos de varios artistas y hasta fuiste tu propio productor en Quebrado, ¿cómo fue entonces trabajar con un editor de tu obra literaria?

Fue un excelente trabajo, Marcelo fue un gran editor, me ha ayudado muchísimo a enfocar el lenguaje, a dejar la sustancia y no perderse tanto en barroquismos. En algunos casos estuvimos de acuerdo en otros no, nos peleamos bastante. Hubo casos en el que yo dije ‘no me voy a mover de aquí porque yo hablo así, porque pienso así y porque escribo así y necesito reconocerme en el texto’. También hubo muchas instancias, sugerencias que él hizo que fueron atinadísimas y que me han servido para incorporar esa mirada crítica en el buen sentido de la palabra, esa mirada sabiamente crítica sobre lo que escribo, que es comparable al productor musical en un disco.

-¿Qué diferencia hay entre este libro y Pruebas de fuegos?

Pruebas de fuego
es un libro que, ya al usar la palabra fuego está hablando de algo que genera luz y Dos pasajes a la noche está hablando de oscuridad. No necesariamente oscuridad en cuanto al lado oscuro de las cosas, no todo el libro transita por ahí, también hay momentos luminosos. Pero sí la noche como metáfora, como un lugar, como encuentro, como fin de algo, como el otro lugar de las cosas, como el reverso de la moneda.

“Whitman es mi tío piola y mi papá es Neruda”

Si alguien quisiera conocer a este músico por esencia, compositor, multi instrumentista (guitarrista, bajista, tecladista) productor y poeta argentino, sólo bastaría con leer con atención la letra de sus canciones y su poesía. Pues Aznar se reconoce en cerca del 90% como el hablante lírico de su poesía y de todo lo que hace, su música, sus versos y sus letras. Recorrer la discografía de Pedro es revisar su evolución de vida en la que podemos reconocer como un elemento recurrente de su obra ese “catalizador de la experiencia y de coraje, como lo que impulsa el salto al vacío, al salto cuántico, el ir a hacia lo próximo”, dice tras pensar y mover sus ojos en círculo por unos instantes.

La lírica de las canciones de Aznar, desde “Paranoia y Soledad” (La grasa de las capitales, Serú Girán, 1979), pasando por “Cuerpo y Alma” que hace la vez de una bisagra conceptual hasta “Quebrado”, su último trabajo, constata una evolución manifiesta de los conceptos vitales del autor.

-¿Calificarías tu escritura como política, comprometida o como un poeta místico quizás, zen?

Creo que conviven tres cosas. Ese mundo político en el sentido amplio de la palabra, de cómo imagina uno que podría ser vivir en el mundo y cuál es el rol que a uno le gustaría desempeñar como ciudadano de ese mundo y qué cosas a uno le parecen bien y mal y qué propuestas tiene y qué cosas le asombran y no tiene respuestas para dar. Otra óptica es del laberinto interior, de las trampas de la personalidad, de los escollos que uno mismo se pone para su crecimiento y para su aceptación de sí. Otro es una visión de lo trascendente, de aquello que habla sin hablar, de aquello que nos sostiene en la palma de su mano.

-De los poetas chilenos que conoces, ¿cómo los identificarías y qué emociones te transmiten?

Neruda es el que me dio el ser -dice entre carcajadas-. Es mi padre poético

-¿Y Whitman por añadidura aunque no es chileno?

Whitman es.... ¿piola se dice en Chile cuando alguien es conocedor y que es como compañero, que es alguien vivido y de mundo, se usa esa palabra?, ¿sí?, entonces Whitman es mi tío piola y mi papá es Neruda. A Neruda lo empecé a leer en la adolescencia y fue revelador. Recuerdo leer las odas y eso fue una toma de conciencia de que la poesía no es sólo hablar de cosas místicas y de otros mundos en este mundo. En la oda a las papas fritas hay una belleza profunda en lo cotidiano. Con Neruda entendí que lo cotidiano es poesía también y eso en la adolescencia fue toda una revelación, darme cuenta que la poesía no tiene temas vedados.

-Además escribiste unas décimas para el tema homónimo de la chilena Elizabeth Morris, ¿cómo te sentiste en esa experiencia?

Fue la tercera estrofa, sí, me sentí muy bien porque era un desafío meterse en una canción que ya estaba hecha, terminada y tratar de captar el mismo sentido, las mismas sensaciones, hay una temperatura. Elizabeth fue muy generosa y me ayudó en ese proceso.

“No me siento todavía con el aplomo suficiente como escritor”

Pese a haber superado el miedo a publicar su poesía, Aznar poeta se ubica en otra perspectiva, no es el músico virtuoso que hace y deshace cual creacionista.

“En Quebrado, a diferencia del libro, siento que fui un muy buen productor con lo que me auto impulsé a hacer cosas que yo no hubiese hecho antes. Para hacer ese disco decidí asumir un rol distinto y mirarme como intérprete y como compositor desde otro lugar. Todo el disco 1 de Quebrado tiene eso, no se anda con ñoñerías, no se detiene en ningún preciosismo, si bien tiene una factura muy dedicada y muy cuidada, que es una impronta de lo que yo hago en general, no se anda con miramientos. Por ejemplo, cuando tiene que ser brutal, es brutal. Quebrado es el disco de toda mi carrera que marca una pauta muy diferente porque nace más de una necesidad de decir que una musical”.

-También fuiste letrista como en la canción “Amar y dejar partir”, porque la música es de Andrés Beewsaert.

Andrés me dio los demos, para componer juntos y una de las canciones que elegí fue esta que musicalmente es prácticamente idéntica al demo sólo le agregamos la coda final y bueno le escribí la letra ¡Me encantó ser letrista!. Me dije esta es la métrica y esto tiene que tener una letra Ok, y de qué quiero hablar, de esto, OK, vamos. Y salió como cuando escribo un poema, a borbotones, ruuuuum y listo. Si bien para Quebrado no contraté un productor musical externo, yo incorporé ese rol y me escuché hablándome a mí mismo: “No te voy a permitir volver a tus viejas andanzas, esto es otra cosa”. En el caso del libro no, no me siento todavía con el aplomo suficiente como escritor para poder desdoblarme en mi propio editor, sentí que no me daba el cuero, es muy difícil. Por eso busqué un compañero de ruta, un guía que me dijera por acá sí.

Próximo a cumplir en julio los 50 años Aznar afirma entre risas que para publicar su tercer libro no pasarán otros 17 años y tampoco será su nuevo dream of the return “porque no estoy en viaje de retorno, todavía estoy en viaje de ir!”.

Pedro, gracias por tu probablemente inconciente acto de magia. Estar contigo, conversar de música, poesía y silencios ha sido la constatación de que lo sueños del alma son posibles.

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Prólogo de Armando Uribe, para Lota, libro de fotografía de Lorenzo Moscia.

           

La gente de Lota es mestiza chilena. Significa que desciende linealmente de mapuches y de conquistadores extranjeros de España de cuatrocientos año ha, calculados a ojo de buen varón (acaso no es tan bueno tal individuo). Como sea no son estos latinos tan antiguos en su territorio, si bien su relación con el carbón los hace antiguos como el hombre es de antiguo una estirpe de milenios en el cavar la tierra y rocas milenarias y aún en este caso más antiquísimos aún (como peces, toros, mamíferos) que extraen el carbón submarino debajo de la arena y las rocas del piso del Océano Pacífico. Ahí conocí personalmente el frente del carbón subterráneo que estaba bajo el mar. En sus cuevas caían gotas líquidas que creí escurrimientos de agua marina. Sin decir nada recogí unas gotas en la mano y lamí –su sabor era dulce y provenía de las mapas de agua debajo de los suelos marítimos–. Faltaba el aire en el frente minero, desde la bocamina en la playa soplaban enormes fuelles como órganos músicos pero su ruido era inorgánico. Salí temblando, subido en una olla de fierro: el ascensor oscilaba, golpeando los muros circulares del hoyo y tuve por vez primera la experiencia de la muerte después de estar en el infierno.
           

Conozco Lota desde niño por razones y sin razones de la familia de mi padre: un tío era el gerente general, otro tío abogado de Lota Schwager, y un tercer tío el administrador de ese parque paradisíaco de Lota que no habitaban los obreros del carbón, sino yo cuando niño jugando entre los árboles a solas. Pasemos a la prosa y a las habitaciones de los mineros del carbón, oscuros, con la casa y las manos renegridas por el polvillo del carbón y ropas miserables de color desvaído, con grandes manchas negras y anchas barras negras también como barrotes. Más pequeños que grandes, muchos jóvenes muy avejentados por el trabajo bajo la tierra más abajo del mar sin divisar el cielo blanco que se vuelve dorado cuando en el mar se pone el sol. Volvamos a la prosa. Muy viejos llegan a las casas cuando tienen familia, regresan de noche si trabajan en el día, si trabajan de noche la madrugada casi los ciega; para la mayoría la casa es dormitorio colectivo en barracas yermas aunque pobladas por las camas calientes –es decir ocupadas día y noche por turnos de mineros nocturnos reemplazados sin tregua por mineros de día–. Esto durante un siglo más o menos.
           

Don Luis Cousiño, don Matías Cousiño, la señora, antes la conocida señorita Violeta Cousiño, la de muchos amores y amoríos. Grandes señores, grandes señoritas bellas y elegantes, vestidos a la moda de París, y ellos con hábitos de Londres; sus zapatos y zapatillas relucientes de charol, como si caminaran en el cielo. Su cielo estaba en las Europas, donde eran propietarios de mansiones, palacios que en París son llamados «Hotel particulier». La calle donde estaba el de París se llama Lota, por gestiones de Luis Cousiño ante el Hotel de Ville Municipal de esta ciudad llamada Luz. ¡Vida feliz (en apariencia al menos) de los Cousiño! Alimentada o recubierta por los mantos –de armiño para ellos– carboníferos, negros, tejidos en el frente del carbón por los obreros del frente de carbón, amenazados por el Gas Grisú. Creían ser aristocráticos estos Cousiño llegados al país austral de zona portuguesa o galaica de España, no a la conquista trabajosa y guerrera de la región de Araucanía, sino tardíamente «a hacer la América». Negociantes y mercaderes equivalentes a la gran burguesía de Europa o digamos a la gran burguesía semi-industrial, pero formando parte de Chile de una proto-burguesía media arcaica con nostalgias (falsificadas) de nobleza… En Chile desde su palacio Cousiño de Santiago usaban mayorales carbón y capataces de jauría para amansar mineros negros, pequeñitos (había también niños en el trabajo de la minería; niños que no jugaban en el parque de Lota).
           

La casa de huéspedes en Lota estaba reservada para los finos y elegantes amigos de los dueños, con grandes comedores y mozos de etiqueta, salones amplios amoblados a la inglesa y céspedes cuidados y manicurados por jardineros con tijeras; los dormitorios eran vastos, con cortinas de seda.
           

Ahí dormí una vez en cama muelle y ancha, como de matrimonio, y dormí como un ángel asexuado; era niño. Una mucama toda almidonada me llevó, en la bandeja de plaqué un desayuno refinado pero abundante, estilo que yo imaginaba inglés, con huevos fritos y tocino. Me sentí grande en un hotel de Europa (no conocía Europa sino por libros y conversaciones de los amigos de mis padres). En saloncito contiguo al dormitorio, sobre una mesa pequeña había una revista del papel satinado, en inglés, ejemplar de diciembre –estaba en vacaciones de enero en verano– con unas fotografías en colores sobre las Pascuas navideñas y los castillos medievales en los que niños rubios celebraban las Pascuas de Navidad rodeados de juguetes mecánicos brillantes (parecían de plata) y rubios osos de peluche suave junto a muñecas de trajes folklóricos de grandes ojos claros bien abiertos. Estuve hojeándola feliz, por un buen rato. Llegó mi padre que alojaba en otra habitación, vestido y afeitado. Yo estaba todavía con pijama. Me apresuré en vestirme, después de estar un largo rato en la sala de baño más suntuosa que había conocido.
           

Mineros del carbón desde mucho antes, las seis de la mañana, abandonaron sus casuchas y galpones, mientras llegaban los mineros del carbón de la noche a sus camas calientes, miserables.
            En el parque de Lota y cercano a su entrada había un pequeña casa como las de juguete, pero en tamaño para adultos, en la cual se vendía a precio de fábrica loza de Lota. Nunca supe dónde estaba esa fábrica, supongo en Lota mismo, con operarias que serían las mujeres de los mineros del carbón. Lo imaginaba así porque eran cosas para la casa, unos servicios de té, platos para comida y postre, también los ceniceros que en su fondo decían: Lota, palabra que en toda la vajilla doméstica de loza se inscribía en el dorso para que la madera de la mesa pudiese leer esta marca de fábrica. Era un negocio semi-artesanal, entiendo, propio de la misma compañía. Pretendía, talvez, humanizar el trabajo violento de la industria terrible del carbón, con vajilla doméstica de loza, pobre pero pintada, no tan pobre, digamos de «clase media», sin afán artístico salvo uno más o menos mediocre, para comedor o saloncito que en su pared exhibe un cuadro inspirado en Pacheco Altamirano, «famoso» entonces en el medio de medio pelo… Había candelabros de loza, erguidos, pretenciosos, salomónicos.
           

Esa palabra Lota representaba algo final, definitivo, quizás fatal; también había podido ser el nombre de una Parca o de una prostituta en las leyendas del folklore o incluso una mujer malvada en un mito agresivo del inconciente colectivo.
               

Y la palabra loza me parecía su disfraz.
           

Eran miles de obreros cesantes del presente, junto a los muertos obreros del pasado que rondaban aún por túneles y bocaminas del manto carbonífero y las calles roídas y raídas del pueblo Lota, roto desde su nacimiento por el aire salino y la miseria popular.
           

Una gran cantidad de estos últimos mineros con el tiempo llegaron a amar la mina submarina. Para hacer un trabajo bien hecho hay que amar ese trabajo, y el amor se transfiere a la materia que se trabaja, carbón en este caso. En realidad esos amores, son naturales, casi tanto como el amor a su mujer, a los hijos y a los padres ancianos. Todo amor comienza por afecto a la vida que se tiene, a los miembros del propio cuerpo. Como a sí mismo, dice la Biblia, hay que amar a los prójimos. Amarse no es pecado ni rareza, es amor a la vida que uno tiene. El cuerpo con que se trabaja, por ejemplo, el carbón, tiene que amar esa materia para que sea bien hecha la obra que se hace.
           

Pues bien, o muy mal, llegó un minuto cuando aquellos que mandan y nunca habían trabajado ese carbón con sus cuerpos, aunque miraban desde sus oficinas los papeles, informes y cuadros estadísticos, decidieron que ya no había lucro (porque es su dios el lucro) en el trabajo del carbón, y por lo tanto (las estadísticas son las servidoras de su dios, y el raciocinio «lógico» e inhumano su sacerdote principal) cerraron para siempre en Lota la mina de carbón. La depresión económica y la terrible depresión psicológica se instalaron hasta hoy en Lota, deshaciendo el amor.
           

Catástrofe social, humana, familiar, del cierre de la mina. La cesantía, cuyas piedras golpeadas por el pie siguen siendo las mismas piedras inorgánicas. Los días con sus noches se alargan hacia el horizonte por las calles sin nombre, sin hogares, sin gente sino sombras tanto de día cuanto en la oscuridad que borra las siluetas. ¡Los problemas en casa, los sin casas en problemas de vida y muerte! Los aburrimientos cuyos lapsos contienen vacíos infinitos. El recuerdo y los sueños en el sueño, dormidos y despiertos con la mina, los túneles, los ascensores, el frente del carbón cerrado para siempre por el Grisú de cesantía perpetua, sin trabajo ni salario ni cuerpos de mineros laborando el carbón. De ser amado se volvió enemigo. Birlaron el amor de los mineros aquellos que materialistas mecanicistas pero abstractos, barajan números en escritorios de oficina, o, los obesos capitalistas que deciden en sobremesa de su cena, mientras sorben café y hacen humear habanos (reconozco que esta última imagen es un cliché, pero en la realidad hay unos políticos delgados y nerviosos que fuman puros y hay capitalistas gruesos y con barbas que fuman sus cigarros después de merendar con los primeros), el cierre de las minas de carbón.
           

Ofrecieron especializaciones alternativas a los cesantes del carbón. Fue trampa.
           

Y en Lota está la muchedumbre de los mineros despedidos por cierre de la mina, enfrente, no al frente del carbón, de la agonía y muerte negra. La preceden hoy las depresiones.
           

¿Qué fue, en definitiva, Lota para nosotros y para los mineros del carbón? ¿Lucha de clases, expresión maldita? Desde que reina en todo el mundo y Chile mismo la ideología totalizadora neo-capitalista neo-liberal, esa expresión, nos dicen, ya no se puede utilizar.
           

Contra lo que se cree, esa expresión no la inventaron Marx y Engels en el Manifiesto Comunista de 1848. La tomaron de libros del liberal capitalista Quizot, historiador, Ministro varias veces, Primer Ministro, de gabinetes de gobierno en la Monarquía Constitucional de Luis Felipe de Orleans el rey de los franceses (observen, no de Francia solamente sino «de los franceses») entre 1830 y 1848. Quizot no era y no es un maldito para el capitalismo; muy por el contrario, reunió comerciantes e industriales y empresarios además de banqueros, y les dijo exhortándolos, una frase famosa en los anales del protestante Kapital: «¡Enriqueceos!» Pero asimismo compuso por vez primera otra frase famosa (no en los mismos anales, salvo en un son de crítica): hay lucha de clases.
           

Como sea (yo sé cómo es) la Odisea y la Ilíada, la gesta en Chile de la minería, y del carbón del cual hablamos, como en salitre y cobre, etcétera, etcétera, no pueden explicarse bien sino por el contraste del minero con los dueños, debido a cierta frase «mala», dicen quienes ignoran la historia de Francia y, agregaría, la del Capitalismo, la de Chile: lucha de clases. Y Lota es sitio suyo, y fue asaltado.

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“Uno debería ser famoso sin que lo conozca nadie”

Tal como lo planteaba el poeta viñamarino Juan Luis Martínez, Luis Seguel Vorpahl, autor de “Cállate viejo e mierda” (novela editada por MAGO Editores), plantea la tesis de que el escritor debe desaparecer para darle paso a la obra, para que ésta hable por sí sola. En esta entrevista, este escritor ariqueño habla de la estrecha relación que tiene con los personajes de su novela, de sus impresiones sobre el mundo literario y, cómo no, de su querida Arica, escenario del libro.

Por Sebastián Barros M.
Encargado de Prensa
MAGO Editores

A los 35 años Marcel Proust se recluyó en su pieza -revestida de corcho por el asma que sufría- por una enfermedad crónica y sólo volvió a salir en contadas ocasiones. En esa, su fortaleza por catorce años, escribió una de las obras cumbres de la literatura universal: “En busca del tiempo perdido”, libro célebre no sólo por la revolución estructural que presentó, sino porque desde su escondite Proust logró hacer un acabado análisis social a través de sus personajes. Fue tanto así que cuando Virginia Woolf leyó “En busca del tiempo perdido”, dejó de escribir durante meses, argumentando que después de una obra de tamaña envergadura no había mucho más que añadir. Digamos que la insatisfacción que encontró Proust en su entorno, cuando aún no estaba escondido, lo llevó a hacer un libro donde volcó todo su interior.

Gracio Espejo, el personaje principal de “Cállate viejo e mierda”, al momento de convertirse en escritor, se vuelve huraño, solitario, amargado, dedica su vida al arte de las letras y desde una pieza arrendada en alguna pensión de Arica, escribe sin parar, separándose de lo que sucede fuera de las paredes de su cuarto, pero, al mismo tiempo, quedándose: en sus novelitas rosas, donde su protagonista es la despampanante Lía, se refleja todo el auge y caída de Arica.   

Es como pararse a un lado de la línea del tren y ver cómo se desarman los vagones.

Quizás es una sensibilidad especial que hace entender a los artistas en lo que sienten o en lo que ven que sienten los demás -Gracio veía en las caras de las personas que las cosas iban bien o mal-, cuál es la dirección que las cosas empiezan a tomar. Espejo, en sus novelas, deja el sentimiento del tiempo guardado en sus creaciones, en su obra le enrostra a los lectores qué es lo que pasó con Arica. Es como los fantasmas que nos asustan de vez en cuando para no olvidarnos de los muertos. Así, de esta manera, Luis Seguel Vorpahl establece una relación estrechísima con Gracio Espejo, al mismo tiempo que éste establece una relación estrechísima con Lía. Es que en la obra está la importancia, la vida, no en el que la escribe.

¿Qué hay de ti en Gracio?

Mire, el escritor, y en general cualquier artista debe ser un insatisfecho, es parte del motor que lo hace realizar su arte, y desde ese punto de vista, creo que la insatisfacción inicial de Gracio Espejo, que es la mía, es la que lo movió a sentarse a escribir. Este es un oficio bastante traicionero, uno cree que ha logrado tranquilidad cuando termina un escrito, pero eso es un espejismo, porque cualquier mañana uno despierta con preguntas, con ciertas angustias y entonces uno sabe que pronto deberá comenzar de nuevo. El artista satisfecho no existe, o por lo menos no debería existir.

¿Cuál es el cariño que te producen tus personajes, en este caso Lía y Gracio, todo esto poniendo el caso del contexto relación escritor-libro, como el que se da entre Gracio y sus personajes?

Cariño a él no, Espejo es un tipo medio amargado, áspero, poco sociable. Cuando no fue capaz de pelear por el amor, dejé de estimarlo. Lía es espectacular, es inteligente, aunque Gracio Espejo la encuentra un poco tonta, creo que lo dice por ahí, yo la encuentro inteligente, para sobrevivir sin pelar jamás una papa, hay que ser inteligente, hay que saber moverse sin tropezar. Ella lo hacía, eso me gusta de ella. Además bueno, está demás decirlo, es la mujer más bonita del mundo.

Tal como Gracio, ¿Lía te hizo sentir algo más que ganas de escribir?

No, Lía fue siempre una mujer muy lejana para mí, nunca tuve muy claro cómo iba a terminar una vida tan dependiente de la belleza física, no tuve oportunidad de involucrarme con ella.

Esa mezcla historia-vida, ¿Te sucedió en algún momento cuando escribías el libro?

En toda novela hay mucho de vida, es imposible separar eso que llama vida- historia, para mí es lo mismo, trato de decirlo al final de la novela. El autor no puede dejar de escribir desde su experiencia, una anécdota, un sentimiento frente a determinada situación, eso es la vida que el novelista está obligado a narrar, es su asidero a la realidad.

Hay un libro de un escritor francés, “Me voy” de Jean Echenoz, que dado el momento necesario, el narrador dice “ya me tiene harto este personaje”, ¿Te sucede algo parecido con ese último “Cállate viejo e mierda”?

No me sucedió eso, la verdad es que me dio pena que Gracio Espejo estuviera metido en tamaño enredo aunque estaba borracho y eso lo libera de responsabilidades, por otro lado, ya era hora que le sucediera algo que le moviera el piso. En cuanto a Echenoz, claro, el narrador se cansa de uno de sus personajes, después de habernos llevado, de modo bastante sencillo, por dos historias paralelas que confluyen en algún momento, casi, casi Pirandelliano, el recurso para acercar aún más la historia al lector, interesante, aunque no hay nada nuevo allí.

Digamos que hay tres líneas narrativas: primero la historia de Lía, que es el libro que está escribiendo Gracio Espejo; después la vida de Gracio y cómo se va mezclando con lo que escribe; y por último el narrador, en este caso tú, que no sólo cuenta, sino que participa. ¿Qué significado hay ahí? ¿Cuál es el trabajo literario?

La historia de Lía no la escribí yo, la escribió Gracio Espejo. Lo que yo hice fue mezclar las dos historias y darles continuidad. No es algo nuevo, se ha hecho durante muchos siglos. Lo que yo intenté fue que el salto entre la historia de Espejo y Lía, no fuese tan notorio, que no significara un salto que hiciera que el lector se detuviera obligado por una lectura que podría ponérsele cuesta arriba y hasta podría transformarse en algo digno de dejar de lado.

Murakami decía en una entrevista que cuando escribía partía con un suceso puntual: algún personaje, alguna imagen, y después solo se iba dando el resto del libro. ¿Sientes que la historia de “Cállate viejo e mierda” se va construyendo según se van dando los hechos y no como algo tan estructurado?

Definitivamente sí, aunque esto nunca es tan drástico, siempre hay anécdotas, hechos, que ya están armados desde antes. En este caso había una necesidad de rescatar algunos hechos como el dolor frente a la muerte de un hijo, desde el punto de vista del autor, o la injusticia de destruir algo que le pertenece al pueblo, sin preguntarle al pueblo, esto es algo muy común en la política actual, se decide a espaldas de la gente. Esta historia, el inicio de libro, aquella fiesta, yo estuve ahí, es algo que se repite siempre pero vivirlo sin ser del entorno de la comunidad aimara, es algo increíble que no se olvida con facilidad. Y ya que menciona a Murakami, he ahí un ejemplo de escritura que quiere ser sencilla y que llegue a todo aquél que tiene deseos de leer.

“Arica lo marca mucho a uno”

¿Cuánto influye en tu narración el entorno en general?

Si hablamos de “Cállate viejo e mierda” el entorno es el que influye en la personalidad de los personajes, en el modo de actuar. La gente del desierto es única, y Arica está inserta en la pampa más seca del mundo. Cuando una persona llega del sur se encuentra con caras serias, desconfiadas, mucho más silenciosas que la gente del bosque del sur, del verde sureño. El entorno influye mucho en la narrativa, aunque el autor no lo quiera.

Ahora siendo más puntual. ¿Cuánto influye, como para Gracio Espejo, Arica en tu literatura, una ciudad muy especial porque es el límite de un país: donde termina Chile y empieza Perú?

Bueno, yo diría que en Arica comienza Chile y termina Perú. Esta es una ciudad especial porque, además de ser limítrofe, es puerto, por lo tanto la mayoría de la gente que uno ve, es flotante, que va y viene. La ciudad vive del comercio con Tacna, el contrabando hormiga, que no es posible exterminarlo, porque todos sabemos que da trabajo y dinero a miles de familias. Gracio Espejo es bastante pobre en sus experiencias, pero no puede obviar el hecho de que vive en Arica, siente el aislamiento, la lejanía con Santiago, que es un monstruo que todo lo traga.

¿Qué crees que significa Arica para Chile? ¿Cuánto pesa?

Creo que si algo significa Arica para el resto del país, se nota muy poco. Los ariqueños tienen la sensación que se promete mucho, pero no se hace lo que la ciudad necesita por su ubicación, por el olvido en el que cayó después que fuera desmantelada por la dictadura, cuando se le quitaron leyes que la mantenían viva. Desde entonces Arica ha agonizado, es muy triste que no se escuchen en el sur sus gemidos de angustia. Cuando se habla de la distancia, de la lejanía, de la soledad se está hablando de eso; el terrible olvido que recorre sus calles. Hay que estar en Arica para darse cuenta de ello.

Hay un claro proceso de degradación en tu historia. Arica parte siendo la tierra prometida y termina siendo una ciudad más que no pudo soportar tamaño suceso. Lo mismo Gracio y Lía, que tienen sueños en un principio y terminan enfrascados en disputas internas casi existenciales. ¿Qué hay ahí?

Los personajes van avanzando en la vida, y atrás van quedando los sueños de la juventud, que son bastante inocentes. Quizás por eso Lía y Gracio van, a su modo cada uno, madurando. En cuanto a Arica, mire…después de la guerra del Pacífico, cuando Arica comenzó a pertenecer a Chile, todo el mundo estaba lleno de expectativas. Esta ciudad es muy hermosa, tiene dos valles pródigos, las mejores tierras de esta parte del mundo, se soñaba con convertir a la ciudad en la Costa Azul o algo similar. Después vino la ley del Puerto Libre, que marcó un hito en los ariqueños que aún lloran su derogación, entonces Arica, que había vivido una gloria insospechada, se vino abajo y nunca más se ha recuperado. Los intentos han sido tibios, y cuando las leyes se fabrican en una oficina en Santiago…en fin, Arica lo marca mucho a uno.

“Si se habla más del escritor que de sus obras, algo muy malo está a punto de suceder, como el olvido para siempre”

¿Estas de acuerdo con el discurso de Gracio de cómo debe ser un escritor? ¿Es más importante para un escritor el mundo interno que el externo?

Estoy de acuerdo con que ese golpecito en la espalda no es bueno, nunca es bueno que el escritor o el que cree serlo, busque el aplauso fácil, olvidando que son sus obras las que adquirirán o no la fama, no él, si se habla más del escritor que de sus obras, algo muy malo está a punto de suceder, como el olvido para siempre.
En cuanto al mundo interior, en mi caso, me siento más a gusto describiendo un sentimiento, escribiendo sobre un acto sexual y lo que sienten los involucrados, mucho más que contar cómo era la casa y si estaba oscuro o no.

¿Hay una crítica al escritor aburguesado también?

El libro es una crítica al escritor satisfecho, burgués como lo llama usted. El escritor que siente que se ha sentado en la silla definitiva y ya logró todo en la vida, y tiene miedo que las cosas cambien, porque así está bien, ese tipo no es un escritor, mejor, no es artista, es un mercantilero que mantiene engañada a la gente y que en algún momento dejará todo, porque no lo lleva en la sangre. El artista está obligado a ser testigo, a denunciar, a demandar, a luchar con sus armas; la palabra, contra la injusticia, contra lo que ve a diario al salir de su casa. ¿Cómo hubiera escrito Neruda su “Alturas de Machu Pichu” sin haber sentido dolor y angustia por los miles que fueron masacrados por los conquistadores? Gracio Espejo, con todo lo burgués que era, tenía un cosquilleo eterno en la guata. Eso lo hacía un trabajador auténtico de las letras, tenía algún mérito el tipo. Y eso lo reflejaba su infinita búsqueda de la compañía y del amor.

En la columna que escribiste para la página web de MAGO Editores, se sentía un cierto desdén hacia el mundo literario, ¿Qué te produce ese círculo de personas?

Es un mundo muy loco, en que los egos luchan por mostrarse, por crecer, por ser reconocidos. Eso me produce asco, es haber perdido la brújula, si lo que tiene que ser reconocida es la obra, no el autor, aunque eso no se entienda demasiado por los que dicen que las dos realidades van de la mano, yo digo que no, que la obra es siempre lo importante, más que el autor, que debe inclinarse ante lo logrado por la obra. Siempre he dicho que uno debería ser famoso sin que lo conozca nadie, esto es una contradicción, por cierto, pero lo que quiero decir es que uno debería dar a conocer sus obras y quedarse atrasito. Así debería ser siempre, lamentablemente no lo es casi nunca.

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Sanador… ¡¡sánate a ti mismo!! …

El siguiente texto lo escribió el cantante Álvaro Scaramelli
para la presentación del libro "Mi hija vive", editado por MAGO Editores.

Álvaro Sacaramelli en la presentación de "Mi hija vive" en la Feria del Libro de Vitacura.

Quizás este sea uno de los desafíos mas grandes que debe enfrentar alguien que decide dedicar su vida al servicio de la salud o facilitación de otros. Siempre se ha criticado a los psicologos, psiquiatras, sanadores o terapeutas el llevar una vida que no guarda relación con todo lo que predican y la razón es que nuestra conciencia nace (comienza) a partir de nuestro entorno. Fuimos diseñados para experimentar el mundo externo y no el interno siendo capaces de reflexionar y aconsejar acerca de las necesidades o faltas de los demás pero no de las nuestras.

Pero este diseño esta cambiando. La conciencia humana (conocimiento que tenemos acerca de nosotros mismos y del entorno) esta más tolerante, abierta y más receptiva que antes a comprender cosas que la mente racional no entiende y poco a poco más y más personas están “resonando” con nuevas respuestas acerca de la vida y el misterio de la espiritualidad. En esta nueva toma de conciencia nos es  posible incluso evolucionar y aprender de situaciones que hasta hace poco sólo dejaban un gran dolor en el alma.

Es un hecho científico que la frecuencia magnética de la tierra ha cambiado, y la conciencia, que depende de esta frecuencia magnética, esta tomando en cuenta la realidad como un todo que nos permite reconocer nuestro mundo interior relacionandolo lo externo como si fuera el espejo de nuestra alma. Estamos ante la oportunidad de responder en nuestro silencio a preguntas profundas nacidas del dolor, de  experiencias límites y de situaciones que hasta hace poco sólo generaban un lazo kármico a superar y un gran signo de interrogación haciendo tambalear nuestra fe. Estamos en el inicio de una nueva espiritualidad, una espiritualidad libre de culto y auto responsable.

¿Qué es la vida si no un viaje de autodescubrimiento?,

¿Qué son las experiencias, si no, la posibilidad de descubrirnos en ellas?...

Vaya desafió para quien trabaja en la  facilitación del crecimiento de otras personas, tener que vivir en carne propia la devastación de los cimientos en los que ha construido su “fe”-“licidad”, vaya desafió para los sanadores y facilitadores en general vivir la aventura que ha diseñado Blanca Beatriz para su vida.

¿Qué regalo es el que te da una hija(o) cuando te deja sin avisarte?

Te deja las grandes preguntas y  te deja frente al espejo con tu imagen diseminada en miles de piezas que debes comenzar a juntar una a una con cada respuesta que va naciendo de tu alma.

Conozco padres y madres que sin escuchar otra cosa mas que sus lamentos, han logrado juntar algunas piezas y han armado una imagen triste de si mismos. Se han confundido entre las culpas, el miedo y la rabia no pudiendo reconciliar su vida enfrentándose a esa imagen corroída y desfigurada cada mañana esperando su propia muerte.

Conozco  padres y madres que se han conformado reconstruyendo una imagen parecida a la que tenían en el pasado pero que expuesta a la intemperie de la vida se ha ido marchitando con los años.

Este libro nos muestra la imagen de Blanca, que se ha reconstruido con respuestas profundas develando una nueva imagen aun mas viva que antes, aún más luminosa.

Veo en el rostro de Blanca a su hija integrada y fundida en ella, mostrando su propósito de vida y ofreciendo su experiencia de fe  hecha carne. Veo en Blanca el despertar de esta nueva conciencia y veo a los lectores resonando con estas respuestas ya que en todos esta ocurriendo este despertar o expansión de la conciencia.

Sanador… ¡¡Sánate a ti mismo!!

Pero….

¿Cómo se sana el sanador si no tiene cómo hacerse las grandes preguntas?

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Análisis de ParqueMapocho por Chiara Bolognese

La investigadora italiana, Chiara Bolognese, hizo una cuidadosa reseña de la última antología de cuento y poesía que publicó MAGO Editores. Ella misma, en persona, leyó este texto frente al público que acudió a la presentación de este libro, el último enero en el Parque Forestal. Aquí la copia de esa lectura, tal cual.

Chiara Bolognese a la izquierda de Máximo G. Sáez, director literario de MAGO Editores.

Es un gran placer para mí estar aquí presentado este interesantísimo libro titulado “Parque Mapocho” y editado por MAGO, y le agradezco a Máximo Sáez la oportunidad que me dio. Este texto sigue la línea editorial a la que MAGO nos ha acostumbrado, es decir la de de animar y ayudar a los nuevos escritores en sus proyectos de creación. De hecho, muchos de los autores aquí antologados ya tienen otros textos publicados en esta misma editorial (Brandan, Sandoval, Moreno Rodríguez, Fierro Fernández, Miranda Contreras).

En Parque Mapocho están reunidos nueve poetas y tres cuentistas, de distintas edades, los más jóvenes siendo Javier Méndez del 89 y Amapola del 90. Esta diferencia de edad repercute muy favorablemente en la variedad de la antología, en cuanto las experiencias, los intereses y las sensibilidades son, evidentemente, muy diferentes. Todo eso se proyecta en una gran riqueza de temas. Los autores son casi todos chilenos menos una argentina (Brandan), un canadiense de padre chilenos (Sandoval) y una francesa enamorada de Chile (Sara). Y Chile, Santiago en particular, tiene cierto protagonismo en sus creaciones.

Los autores coinciden todos en el hecho de haberse dedicado a escribir desde su primera juventud o incluso desde la niñez, y muchos de ellos frecuentan varios géneros de escritura y de arte: los “poetas” han escrito cuentos, los “cuentistas” han producido versos –entre todos destaca Alejandro Miranda Contreras cuyos cuentos son como poemas largos–, otros se dedican al teatro, al baile, a la música. La creación literaria forma parte de su vida diaria y bebe de todos los episodios de la existencia, desde los más cotidianos –la merienda de la hija en “Membrillo y guayaba” de Sandoval–, hasta los más dramáticos –la pérdida de un hijo en el caso de Lilia Hernández.

Como decía, los temas tratados son muy variados y prefiero dejar a los autores la tarea de evidenciarnos los que más les interesan, sin embargo me parece importante antes de dejarles la palabra, destacar algunos elementos comunes que constituyen en cierta medida el hilo que une todos los textos.

El fuerte interés por el asunto de la función de la escritura es uno de los aspectos que más me ha llamado la atención. En los textos antologados más de una vez se pone en duda su utilidad. En “Sra. Justicia” de Blanco las palabras son “balas de versos, y cuchillos de letras” para intentar conquistar el corazón de la amada. Las palabras parecen tener vida propia y autonomía, luego son “Palabras rotas” o “Versos que se pierden”, hasta culminar en “Perdónese el silencio”, donde, dice el poeta, “ya ni la pluma me sirve de bastón para seguir caminando”. Una situación análoga se da en “Latido”, de Hernández, en donde, en el dialogo con el hijo fallecido reconoce que “los poemas no colmaron el vacío que dejaste”. El mismo tema de la “eficacia” de la escritura lo trata, quizás con algo más de esperanza, Sara en “Confeti”, donde el yo juega con las palabras, sabe que éstas se olvidan pero confía en que alguna llegue al corazón de alguien que la pueda recibir y entender. Medina Sepúlveda, en “Poema”, dialoga con el poema mismo, celebra su fuerza rompedora y finalmente lo llama “amigo mío”. Aquí, el poema es “emoción, pensamiento y locura”. En el texto sucesivo, “Se ha disfrazado un poema”, el mismo autor nos cuenta las aventuras de un poema travieso: de nuevo, éste es como un ser vivo y libre. Méndez, por su parte, mientras se “segrega como ermitaño en sus palabras”, se plantea el problema de ser leído. Miranda Contreras desmitifica la imagen del poeta en “Elegía”, habla de los poetas como de  muertos-en-vida y dice: “nuestra única arma es la palabra y nosotros siempre los heridos”.

Aparte de esta indagación en la escritura, hay otros aspectos que merece la pena subrayar, entre ellos, sin duda, la profunda meditación acerca de la condición del ser humano en la metrópoli actual. Los autores invitan a reflexionar sobre los problemas de las grandes urbes, con sus conflictos y dudas. En este caso, la mirada de Sandoval es irónica y precisa: en “Especialista” habla de la excesiva especialización del día de hoy, y en “Solicitud de empleo” bromea acerca de las cartas que todos escribimos cuando mandamos nuestros currículos. También muy actual y más crítica y dolorida es la interpretación de Cassaretto en el poema “Obreros”, en el que analiza la condición de explotación y agotamiento en la que éstos trabajan.

En general, numerosas voces en estas páginas quieren gritar su miedo a la inconsistencia, la invisibilidad, la vaguedad. “Voluble” se titula un texto de Méndez, quien derrama “su inconsistencia” y considera que la realidad –barrios y veredas, en sus palabras– tiene “fecha de vencimiento”. En esta misma línea habla Medina, quien, en “Garantía”, busca la boleta de la vida para ver si ésta tiene garantía y puede reclamar.

 Y, de la invisibilidad y la disolución se llega hasta el tema de la muerte. Frecuentemente los hablantes se describen como fantasmas, como muertos que hablan desde su propio ataúd –Miranda Contreras en “Noche de sonrisas”. Hay por lo menos dos sutiles referencias al suicidio: Fierro Fernández en “Domingo y ciudad” habla de  una píldora “para volver a hundirse en algo parecido al sueño” y Amapola dice “tráiganme sólo una amapola para dormir, pues eso ahora sirve”. Las voces líricas se auto-definen como “El atormentado”, “El abandonado” (Blanco), mientras Amapola escribe el “Manifiesto del adolorido”. La mayoría son textos de profundo ensimismamiento, como queda plasmado claramente en los poemas de Cassaretto, quien dice “esta pena que tengo, la traigo conmigo desde siempre” (“Esta triste tristeza mía”) o “yo habito en un cielo de infiernos y en el infierno mismo que me pude inventar” (“Ni cielo ni infierno”). En la misma línea de la autorreflexión escriben Hernández, que cada vez que mira sus manos quiere arropar y ceñir al hijo que se fue (“Hijo”), y Miranda Contreras, que en “Noche de melancolía” se describe como un vagabundo coleccionista de lágrimas, solo con su pena.

Y los autores también bucean en el drama de la soledad actual, y de las soledades de cada uno de nosotros: leemos, por ejemplo, el poema “El puente”, donde Brandan vive su amor soñado e imposible en soledad, o “Esas que conozco” de Blanco que retrata algunos aspectos del universo de la soledad femenina. En cambio, la soledad en la muchedumbre es la que se describe en el metro de “Transantiago begin’s” (Fierro Fernández).

Frecuente es, además, la reflexión sobre los encuentros entre desconocidos, y sobre los encuentros inesperados. El relato “Sammy Erlenmeyer” de Moreno Rodríguez, entre otros, narra un encuentro entre dos hombres que son, supuestamente, viejos amigos, pero, en realidad el narrador y protagonista no consigue ubicar a su interlocutor y se queda con la duda sobre su verdadera identidad, dejando al lector con el deseo de saber más acerca de la nube de misterio que envuelve a los protagonistas.

Lo que se retrata en estos textos es la locura de nuestras vidas, las prisas y los afanes que nos atrapan en un vórtice sin salida, al que sólo el perro vagabundo de “Tarde libre” (Fierro Fernández) parece haberse escapado.

Y sin embargo, en este mundo un poco sombrío que queda retratado en estos textos, también tiene un papel importante el tema del amor. Los autores, a veces, recuerdan amores fracasados, pero también aparece el amor positivo y esperanzador. Son varios los poemas que hablan de relaciones felices, desde “El extraño” (Brandan), en el que un amor se vuelve a despertar de la apatía de la rutina, pasando quizás, por “Dueña de mis suspiros” (Medina), y “Sempiterna despedida” de Amapola, hasta llegar a “No te odiaré” (Sara) dedicado a un amor que se fue, cuyo recuerdo la autora va a guardar cierta de que éste le dará fuerza.

Al amor positivo se unen también algunos textos que celebran el renacer del yo lírico, entre otros “Sin llamar”, de Brandan en el que se percibe la desgarradora tristeza, pero también la voluntad de “arrojarse a la vida para vivirla de nuevo”, o “En la mirada rocío” de Sara, donde la voz poética “confía en la sonrisa ajena y en la luz del día” y entiende que “vivir es arriesgarse a crecer”.

Éstos son, delineados algo esquemáticamente quizás, algunos de los aspectos sobre los cuales quería llamar la atención de los futuros lectores. Dejo ahora las palabras a los autores.

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“Los niños tienen un mundo mucho más complejo de lo que se piensa”

Finalista del Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Norma Fundalectura, “Trece veces niños” (editado por MAGO Editores en diciembre de 2008), libro de cuentos interlazados por un protagonista en común, propone una mirada distinta a la literatura infantil: la reflexión de un niño que está aprendiendo a relacionarse con su entorno. En esta conversación con Rudy Trujillo, su autor, analizamos cómo es el proceso de un hombre de más de 60 años que vuelve a ser un niño.

Por Sebastián Barros M.
Encargado de Prensa
MAGO Editores

Armando Trujillo recién a los 50 años empezó a acercarse al arte de escribir. Digamos que con una edad madura ingresa a numerosos talleres de cuento y poesía, donde aprende de escritores como Enrique Lafourcade y Pía Barros y empieza a hilvanar un gusto por dejar en un papel alguna sensación, alguna historia, algún recuerdo. “Un antiguo afán”, como él le llama.

Llega el momento de enfrentarse con la hoja en blanco -sueño o pesadilla de cualquier escritor-, digamos su momento y como buen novato no sabe por dónde empezar. ¿Por dónde se empieza a tejer? Por lo que en su momento, debe encontrar algún momento, para que desde ahí pueda crear algo más. Entonces pasa: alguna tarde o mañana perdida -o suspendida- en el tiempo se cruza con un niño que mira un hoyo donde hay una rana. Y así nace “Berta”, el primer cuento del libro, que narra la relación de Simón, el pequeño protagonista de los trece relatos, con una rana que bautiza como Berta.

Armando se encuentra con algo más grande de lo que seguramente él cree, pues gracias a ese niño que busca una rana, Armando puede dejar de ser Armando y ahora ser Rudy y también ser Simón. Y volver a ser niño.

¿Cómo surge la necesidad de empezar a escribir en ti?

A cierta edad surge una disyuntiva, en mi caso a los 50. Los hijos se empiezan a ir, la señora busca una manera de independizarse, de modo que en ese momento hay que hacer un balance de la vida, ¿Qué hacer? Las rutinas son devastantes y surge un antiguo afán: la literatura: quiero ser escritor, quiero ver qué pasa si pruebo.

¿Así llega Trece veces niño?

En el momento que ya sentía que tenía que crear algo, estaba buscando por dónde entrar a la página en blanco. Por ese tiempo fui a la parcela de mi cuñado, en Calera de Tango, y mientras estaba la gente en un asado, me puse a caminar y veo a un niño agachado en pleno sol mirando al suelo; lo empiezo a observar, le digo qué pasó y me dice hay una rana y efectivamente había un hueco y dentro una rana. Cuando me fui de vuelta a mi casa, me quedó dando vueltas esa imagen. Esta es la génesis de Berta, uno de los cuentos del libro.

Después vienen los otros doce…

De ahí en adelante con el entusiasmo, hice otros cuentos que seguían ese tono de voz de niño que reflexiona sobre lo que lo rodea, que piensa, que tiene sus pequeños mundos muy distantes de donde vive. Yo siempre sostengo la teoría de que los niños tienen un mundo mucho más complejo de lo que se piensa. La vida de Simón no es mi niñez, no es una autobiografía, sino que trato de hacer una radiografía del niño que la gente lleva adentro.

¿Y qué es lo que te llama la atención de ese niño interno?

Yo siempre me he sentido un poco niño para pensar, para opinar, soy bastante ingenuo en muchos aspectos. Me gusta estar interesado en detalles y me gustan mucho las preguntas, por qué suceden las cosas. A los niños uno los entiende sin ni siquiera hablar con ellos, en su comportamiento denotan y eso lo encuentro muy atractivo, interesante.

¿Cómo es el proceso del escritor para meterse en la mente de un niño?

Lo que quería era conseguir esa naturalidad, esa claridad para pensar como un niño. De alguna forma es ir y venir, como cuando estás en el cine y ves la película y te vas, te metes. Así es el proceso que armo yo con transformar mi voz, el ir, buscar a ese niño y después volver a mí. La escritura como el arte en general te permite eso, incluso el pensamiento, la reflexión, que está en esta obra. Por eso creo que el libro es entendible para un pequeño, pero también apela a la sensibilidad de un adulto.

¿Qué características especiales ves en su forma de comprender al mundo?

En el caso de los niños, es muy particular todo lo que tiene que ver con intervenir el tiempo. Entonces ese proceso fascinante que tienen de adquirir estados distintos al que tienen, el jugar con una alfombra y transformarla en un espacio diferente, en cualquier cosa, en un animal, una nave, un avión. Eso es lo que trato de comprender.

Ahí también podemos ver una relación con el artista, eso de crear mundos a partir de otra cosa, es decir, el escritor como niño…

Claro, claro.

¿Hay un especial trabajo con el lenguaje en el libro?

Esto tiene mucho que ver con que yo me detuve detrás de un plano político que circunda el relato y me puse a pensar cómo actuaría un niño en ese caso. Más allá de la ausencia física del abuelo -personaje del libro que está exiliado por cuestiones supuestamente políticas-, a Simón no le interesan mucho las razones, él dice pero por qué y la mamá le dice no te metas en esas cosas mejor y eso es fidedigno. A mí me gustó haber bordado de ese modo el relato, aún cuando queda en tono menor, que, por ejemplo, “El niño con el piyama de rayas”. Pero de todas maneras creo que hay una sensibilidad, que se ve en el libro y que la tienen la mayoría de los hombres.

Lo no dicho juega mucho…

Ahí está el tema de cómo decir las cosas. Porque cuando uno está con un grupo de gente escribiendo, digamos en un taller, te das cuenta que las cosas tienen que ser verosímiles, creíbles. En mi caso, de lo que me preocupo es de reflejar la vida, que creo que es lo más importante en la literatura. Que esté en movimiento, que se estén conjugando las cosas.

¿Cómo ves esta última idea en tu relato?

En lo que le sucede a Simón está la vida: los conflictos entre sus padres; el caso de su amigo Mancilla, que no tiene papá, cómo forma una opinión sobre eso; su otro amigo, el Víctor Hugo, que le da rabia que hable tanto de que su papá tenga pistola. Cuando abre la puerta y ve a sus padres abrazados haciendo lo que se hace en todo el universo humano, pero sin embargo los niños no entienden esas cosas, no son parte de ese mundo. De entender, y aquí sigo con el tema de la vida, cuando se muere su tío, ¿Cómo un niño ve a una persona muerta? Ahí es donde te digo que para meterme a pensar como un pequeño, tengo que priorizarlo todo, tengo que haber visto a mi abuelita y a mi padre muertos y veía que no estaban ahí, que antes había un alma y ya no está y el cuerpo se vuelve una figura de cartón.

Es estar presente en cada detalle de la vida…

Es la vida cotidiana. Por eso te digo que no es lo que me pasa a mí, sino que es ir juntando lo que uno se encuentra. Uno se transforma en una especie de artífice, un orfebre, que junta piezas que hay a su alrededor. Al final más importancia tiene el objeto que uno va formando y la figura en que se transforma, que los elementos de los que está compuesto. No tengo problemas en cambiar algunas partes de la trama, porque son representativas más que exactas, como, por ejemplo, cuando Simón se queda solo en la casa, eso representa la libertad, el móvil finalmente da lo mismo. 

Es reflejar símbolos para entenderse con el lector…

Hay una cosa en la literatura, que es reflejar lo que uno tiene dentro para que los demás lo entiendan, para que sientan algo parecido a lo que sientes. Cada quien tiene su mundo privado, donde piensa, donde le pasan cosas y donde va tomando los acontecimientos de la vida según le toquen. Es diferente cuando tú lo expones. De pronto estás con alguna persona y le quieres decir muchas cosas, pero no siempre puedes transmitir lo que quieres.

Como escribió Enrique Lihn: “el dolor no cabe en la palabra dolor”.

Esa es la idea. Porque las palabras se oxidan, se desvanecen, se alteran. Yo quiero poder transmitir eso que es difícil explicar, primero con pequeñas cosas, como cuando llega el momento que uno lee el texto y dice esto está listo, no necesita más. Y eso te da una felicidad enorme. Y después está cuando otra persona haya visto lo que tú quisiste decir, más allá de lo obvio, por supuesto, cuando logró sentir algo.

 

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El siguiente texto es una reseña que le escribió Juan Ignacio Colil, autor de LOU, Primer Premio Novela MAGO Editores, al libro de José Antonio Rivera Siete Judas, Segundo Premio Novela MAGO Editores, en el marco de la presentación de la obra en la 28ª Feria Internacional del Libro de Santiago, llevada a cabo en el mes de noviembre en el Centro Cultural Estación Mapocho.

SIETE JUDAS

Opinar sobre una novela siempre es complicado.
No así leerla porque eso se hace en la intimidad, en secreto. Hay novelas que a uno lo toman desde las primeras líneas y uno sólo desea que sigan, otras que son difíciles, pero que uno las lee porque sabe que son consistentes; otras que no se pueden leer, otras que uno lee, pero no sabe si son buenas o son malas; pero al final uno entiende que en literatura; como en la vida, las cosas no son ni buenas ni malas, aunque haya buenas y malas novelas.
Cuando uno publica una novela siempre tiene estas dudas, sobre la opinión de los demás - aunque uno no lo reconozca- y si los demás lograran entender lo que uno quiso decir.
Si un amigo, pariente cercano, o conocido casi amigo dice que la novela le gustó, uno se siente bien y mal. Bien porque es lo mínimo que se espera y mal porque podría ser una salida fácil. Quizás no la leyó y dice eso para que lo dejen tranquilo y no lo sigan jorobando con un asunto literario.
Si esta persona dice que la novela no le gustó, uno tiende a pensar una serie de alternativas. La primera es que no la leyó, la segunda es que no la entendió, la tercera es que está picado con uno y esa respuesta es una forma certera de vengarse, la cuarta alternativa es que le gustó, pero no quiere reconocerlo y la quinta es una mezcla de todas las anteriores.
Hecho este preámbulo; frente a los Siete Judas qué deberíamos decir?
Suspenso en la sala.
Búsqueda, búsqueda, Santiago, una playa, amigos, , carrete, carrete, carrete, el chile de hoy, bachelet, cortázar, -me refiero a julio cortázar no al ministro-, sábato, walter benjamín, pinochet, edipo rey, los testigos de Jehová, una pelirroja, dos pelirrojas, una revista virtual, los pedófilos y los pederastas, vitacura y el barrio brasil, el trabajo y el ocio, los sueños, el Apocalipsis, un anagrama y; como olvidarlo; un sugerente paseo por algunos cafés con piernas, con más piernas que café.
Es una novela de fragmentos. A ratos íntima, mínima, a ratos analítica, política. Como un día de cualquiera de nosotros en el cual se cruza la realidad, o lo que llamamos realidad, con el pasado, con lo que podría suceder, con nuestras ansias, con nuestras obsesiones. El protagonista avanza, nos lleva por sus cavilaciones, por su trabajo, conocemos sus amigos, sus pensamientos, sus caídas. La literatura como una puerta de escape y también como una puerta de entrada a un mundo paralelo.
Una novela que trae al papel el mundo virtual.
Busqué a sietejudas en la red y ahí estaba, y me pareció curiosa la relación, entre una revista virtual; que siempre tiene algo de irreal; pero que es tan real como cualquiera de nosotros; y que aparezca en una novela, como un juego de espejos en profundidad.
La revista virtual como una ventana de la realidad, la novela como una ventana a la revista virtual, pero hay más.
Siempre está presente en la novela una sombra mayor que vuela sobre la trama, el protagonista que busca, que deambula y corre por las calles de una ciudad que todos reconocemos, quizás como un Judas moderno, santiaguino, adulto joven aún no asumido como adulto ni como Judas; pero bajo, o sobre esa realidad tóxica, siempre está latiendo una búsqueda de sentido, esa necesidad de aferrarse a lo sagrado, a lo que está más allá de lo sensorial, aunque sea una condena, esa búsqueda de sentido que supongo que es la redención.
Tiene mucho de collage esta novela. Todos los fragmentos de Siete Judas nos conducen a un cauce mayor que el atento lector debe enfrentar como un juego en el que la suma de las partes es otra cosa muy distinta a lo que aparentemente leemos, aún así, queda la sensación de que existen aristas en esta novela que uno no alcanza a distinguir claramente, puertas que se abren y por las cuales uno podría avanzar más. Son las trampas de la literatura.

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ALGUNOS ASPECTOS SOBRE LA OBRA RECUERDOS DE UN ANGEL PERDIDO, DEL JOVEN POETA GABRIEL ALCARRAZ OSSANDÓN

Por Máximo G. Sáez
Director Literario MAGO Editores

 

Desde hace muchos años es que vengo adentrándome en la literatura que hacen los jóvenes poetas, desde la organización de la Ferias del Libro de las Literaturas Emergentes, hasta el día de hoy en que dirijo precisamente la editorial MAGO Editores, sello que entre sus temas centrales está la difusión de autores noveles. Por lo mismo que no es extraño hallar más jóvenes dedicándose a la poesía este arte que -para la sociedad que vivimos- no tiene ninguna posibilidad ser de transado en el mercado, no obstante se sigue escribiendo, se sigue publicando, las estadísticas indican que la poesía sigue siendo el género que más se publica en el país. Por lo mismo que leer el poemario Recuerdos de un ángel perdido, del joven poetas de La Serena, Gabriel Alcarraz, me ha resultado grato en cuanto al futuro que se observa en su primer libro.

El poemario está estructura en tres actos: Espada bajo el colchón, El descenso y el tercero, Equinoccio vernal, en las tres partes como algo recurrente y elemento patente del conjunto de poemas, hallamos la soledad, el desarraigo, se nos mete esa sensación de estar pisando un territorio no deseado, ese de la más potente incertidumbre.

El hablante expresa: "Sus vidas se van acortando / y nuestra salud se ve demacrada / a causa de este fúnebre baile" tanto la soledad como la muerte se dan cita de forma explícita, el hablante insiste en ubicarnos en esos lugares y lo hace no a través de reflexiones sino que nos empuja, se siente con el deber de expresar casi como un grito en medio del desierto: la desolación.

Estos aspectos significativos y que atraviesan toda la poesía universal transitan marcadamente en la obra de Alcarraz. Es por lo mismo que el recuerdo es visto no como espacio perdido, el recuerdo es atraído hacia sí, para "vivo aún en estos recuerdos" nos indica, el recuerdo no es lo que los demás sienten es lo que está inserto en el presente, es lo que definitivamente no ha muerto y que vive aún.

El hablante está permanentemente cuestionando el entorno, tiene por sobre todo deseos de no estar aquí, el yo del presente le inquieta y lo que es más decidor lo rechaza "Quiero escapar / tanto peso tengo que cargar" Los dos versos bien ejemplifican el estado de ánimo del hablante, son versos claves que nos dejan ingresar a ese mundo íntimo signado por la tristeza, pero por sobre todo por la imposibilidad de olvidar.

En el poema El virus del destino, hallamos el verso "escuchar lo que no quieres y morir por dentro", es una alusión constante a ese mundo interior que está trizado porque no puede encontrar separar el recuerdo del ahora y al no poder hacerlo entra en nuevas crisis, en estados de mayor soledad.

Un último elemento que veo es lo relacionado con el viaje, tópico recurrente en la poesía chilena, es más gran parte de la gran poesía chilena tiene como centro el desplazamiento, el de ir de un lugar a otro, y este poemario no escapa a ese tópico "Los trenes me alejan de ti" y se reitera la idea de transición, vale decir no detenerse porque el presente es incierto pues el pasado expresado por los recuerdos son esa mezcla indeterminada entre un hoy y un antes, no se deja ver esa diferencia y en algunos casos pareciera que es lo mismo, que el tiempo no ha transcurrido "nada de lo que tengo nunca dura tanto". La fragilidad es por último el mayor símbolo del libro, un libro inicial de un poeta joven que ha realizado el ejercicio más complejo, este es pasar de lo privado a lo público y no es menor porque ese mundo interior comienza a convivir con este otro el mundo exterior de los otros.

Santiago de Chile, 24 de octubre de 2008

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Entrevista con Carmen Berenguer:

"Lo que tiene que ver con el libro es un viaje real que yo ficcioné"

La reciente ganadora del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, vuelve a la escena de las letras nacionales con "La casa de la poesía", libro que se lanzará en la 28ª Feria Internacional del Libro de Santiago. Esta publicación es un recorrido por el corazón de Valparaíso, donde los personajes, cuentos y mitos del Puerto se mezclan, dando como resultado esta travesía poética, que se da justo en el contexto del final de la dictadura.

Por Sebastián Barros M.
Encargado de Prensa
MAGO Editores

 

"Lo cierto y temerario da que hablar y este utópico enigma sigue siendo el vals de Lucho Barrios, la balada del gitano Rodríguez, una caminata nocturna de Manuel Rojas, una challa en la Plaza Echaurren, de Edwards Bello y la descripción del lugar de fines de siglo, de Radriguet, construyen la epopeya de esta enigmática ciudad, a la que sus analistas la apodan como expresión simbólica de un estado existencial de derrota o del Este del Edén". Este texto poético es una parte de "La casa de la poesía" y simboliza, más que nada, el imaginario que se ha creado en torno a esta ciudad-puerto, a través de distintos e importante autores nacionales.

El libro que Carmen Berenguer se apresta a lanzar en la Feria del Libro de Santiago, bajo el sello de MAGO Editores, es una vuelta a este imaginario creado, pero ahora, desde un viaje real que ella realizó: un grupo de poetas cruzando la noche porteña de la mano de una prostituta llamada Brenda. Esta travesía está marcada a fuego por el ambiente cultural que se respira en Valparaíso, pero también por un contexto donde empezaba a emerger un nuevo país tras la vuelta a la democracia.

Es la realidad encasillada como ficción, la vuelta a la base real, pero manejada, enturbiada o esclarecida, por la mente del escritor. Se podría decir, como forma de intentar catalogar el género, un documental poético.

¿Por qué publicar en solitario "La casa de la poesía"?

Porque dentro del libro, si bien es una estructura completa, también hay capítulos que hablan por sí solos, como en este caso. Siempre tuve la intención de poder publicarla paralelamente, incluso pensé en otras partes de "Naciste pintada". Aunque toda la obra está íntimamente relacionada, al mismo tiempo las partes son autónomas, tienen vida propia.

¿Qué es lo que hace interesante Valparaíso para ponerlo como escenario de tu poemario?

Valparaíso siempre es Valparaíso, una ciudad importantísima. Yo creo que una parte de mi vida está ahí: viví, estudié ahí. Además mi madre vivió en esa ciudad, pasó mucho tiempo en una casona antigua de Playa Ancha, llamada "La casa de las palomas" y siempre me contaba historias. Mi padre la conoció ahí y tuvieron una gran relación de donde salí yo. Fui concebida allá, lo que no deja de ser muy importante.

También está la parte romántica que se ve en tu libro….

Lo que tiene que ver con el libro es un viaje real, que yo ficcioné. Fue una noche mágica, inolvidable para un grupo de amigos. Estábamos hartos conocidos, entre ellos, Bárbara Délano, una chica bellísima, hija del escritor Poli Délano, que era como la musa del Partido Comunista de esos años; Néstor Perlongher, un poeta argentino muy interesante, poco conocido en Chile; Pedro Lemebel, Francisco Casas, que se hicieron conocidos como las "Yeguas del Apocalipsis"; Anita Ferrer, con la que éramos compañeras de hacer cultura en los bares; Juan Dávila, el pintor que hizo ese famoso Simón Bolívar travestido, por el cual Venezuela puso un reclamo.

Con la imagen de esa pintura parte el relato…

Claro, así comienza. Esa noche había mucha carga, mucho cruce, fue realmente espectacular. Todo ocurría en el mismo momento: la cultura, las preguntas, lo que iba a ocurrir, nuestra incertidumbre con el futuro, todo era novedoso.

¿Ahí aparece Brenda, el personaje principal de tu relato?

Todo este grupo de gente estábamos en el Barrio Chino, no sé cómo llegamos ahí, tú sabes, la juerga de la noche. Ahí fue donde la conocimos. Después nos invitó a su casa, que quedaba en un barrio bravo de algún cerro. Estuvimos bailando, conversando, haciendo vida hasta muy tarde. Surge así la historia de Brenda, que yo quise contar y además la relacioné con un encuentro que hubo de poetas en Valparaíso, que fue a principio de los noventa, en el cual nos preguntaban, ¿Cómo va a ser el poeta de esta década? Estábamos saliendo recién de la dictadura, empezando a vivir otra vida.

Llevándote un poco a tus recuerdos, ¿Cómo fue ese primer encuentro con Brenda? ¿Cuándo se te ocurre escribir sobre ella?

La verdad no tenía ni remotamente pensado escribir sobre ella, para nada, simplemente cómo ocurrió, cómo fue sucediendo, cómo vislumbré muchos cuadros en esa noche. Se me fue apareciendo una especie de película. La situación de que se hiciera amiga nuestra, que fuéramos para su casa con su cafiche. Todo esto era parte de conocer un submundo.

Todo iba significando cosas…

Entonces yo hice una ficción de esa realidad, que es lo que a mí me interesa hacer este último período.

También hay mucha analogía con la noche, en el sentido de estos personajes que se oscurecen, a los cuales cuesta verles la cara…

Es que todo es la noche. Nosotros salimos de la casa de Brenda a las seis de la mañana y nos fuimos bajando por los cerros sin querer ver el día. Fue realmente para recordar, como te decía una noche mágica. Recuerdo que en el bar que conocimos a Brenda, hasta había un par de detectives metidos en el medio, pero lo increíble es que estaban de juerga también. Afuera del bar a un tipo le cortaron la cara. Los carabineros abrían y bajaban la cortina, sin que les pareciera importar mucho lo que pasaba. Todo estaba dado. Por eso hago una analogía con esos lugares que ha conocido Hemingway, esas noches violentas, que tanto le gustaban. Pero también hay una especie de desencanto por lo que vivíamos, el deseo de estar en los límites, de no darte cuenta en qué lugar estás.

También en tu libro están presente los imaginarios, lo que para mí se sintetiza con la frase "América no la inventé yo"…

Cuando escribo esa frase, para mí es hablar un poco de la ficción también, de cómo mezclarla con la realidad. Como lo hace Truman Capote, uno de los más grandes expositores de este género. Hoy se da mucho esto en los documentales, que al trabajar las formas y al hacer una invención basada en la realidad, vas haciendo de esa base real una mirada personal, en el sentido de que puedes idear cualquier cosa a partir de un hecho.

Tú citas muchos autores que escribieron cosas sobre Valparaíso, crearon un imaginario, ¿Esto que hablamos se podría vincular con esas historias?

Hay tanto relato propio de acá, que tú puedes trabajar con eso. Mucha gente habla de la identidad, no sólo del Puerto, sino latinoamericana. Yo creo que la identidad es más bien una identificación que un lugar fijo. Es lograr que a través de una pluma, de una película, de un testimonio, uno se acerque. Tiene que ver con la mano de los autores que están llevando a cabo una obra y que no es algo inventado fuera de lo real. A eso es lo que me refiero yo con "América no la inventé yo": un juego propio que hago yo con lograr un imaginario, inventarlo.

¿Cómo esta idea de chilenidad?

Claro, pero no propiamente, porque, ¿Qué es la chilenidad? Mucha gente se fija en ciertos elementos o cierta raíz de lengua, por la cual toda una comunidad se siente identificada. Pero más que nada es una invención personal. Los chilenos nunca saben qué quieren ser, siempre buscando parecerse al de afuera. En cambio algunos de los narradores que voy nombrando en "La casa de la poesía", como Manuel Rojas, Nicomedes Guzmán, toman elementos muy propios de acá. Por eso aparecen, porque me interesaba armar personajes chilenos y qué mejor escenario que Valparaíso.

En una parte también aparece Juan Luis Martínez, un poeta poco reconocido en su momento…

A mí él me interesó mucho por su poesía. Lo conocí en Viña cuando los dos éramos muy jóvenes. Después no supe más de él, hasta que leí "La Nueva Novela", aunque en un primer momento no asocié su nombre con el del autor. Era un personaje bien especial el "loco" Martínez. Ese día que hubo el encuentro de poetas, que yo te comentaba que relacioné con la noche que conocimos a Brenda, hubo una escena bastante particular. Yo estaba en un grupo de poetas y ahí pido un aplauso para él, y nadie aplaude, apenas lo miran. El problema fue que Juan Luis buscaba la individualidad, cuestionando nociones estables de la literatura, creando su propio mapa, mientras toda esta patota eran puros copiones. Ahí me despedí de esa gente.

Es que, a mí modo de ver, estos estadistas de la literatura, que quieren mantener siempre las mismas formas, son los que se molestan si uno rompe…

Es que sin ciencia experimental no hay ciencia. También se puede trabajar mucho con la especulación, pero ya viste la cagá que quedo con la especulación económica…

Pensando en esta forma que está escrito el libro, que es muy novedosa, podríamos decir una prosa poética, ¿Te estás constantemente preguntando como romper un poco con la forma?

Siempre estoy creando, buscando. Creo que una de mis características es intentar crear nuevas formas de lenguaje, de escritura, no hacerlo de la misma manera. Por eso juego en "La casa de la poesía" con poner en cuestión toda esta estructura narrativa tan establecida.

¿Crees que los autores jóvenes hoy hacen eso, romper con lo establecido?

Sí, las nuevas generaciones tienen la impronta de mucha gente que hizo una renovación literaria. Hay mucha gente joven buscando a través del cine, de la visualidad, que es muy interesante. Los chicos buscan distintas formas, hay más libertad también. Ya no es, "parte pegando un golpe en el mentón y termina con otro golpe en la guata". Esas son formas, pero digamos que Cortázar hizo un gran quiebre con eso: "La noche boca arriba" -cuento del autor argentino- es eso: está todo dado vuelta.

Y ahora más contemporáneamente, por ejemplo Bolaño…

También, pero hay cosas de él que ya se habían hecho aquí y a esos autores nadie les dio pelota. Muchas veces viene alguien de afuera y es una maravilla. A lo mejor a él le quedó mejor.

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Entrevista con el ganador del Segundo Premio Novela MAGO Editores:

"Uno debería comprender que Cristo es imposible sin Judas"



Por Sebastián Barros

 

José Antonio Rivera, autor de "Siete Judas" -novela que se presentará en la 28ª Feria Internacional del Libro de Santiago-, analizó, junto a MAGO, lo que significa este premio en la carrera de un emergente escritor; digamos su propia carrera. Su elección fue tomar como imagen del libro -y del blog que atraviesa el relato- al "traidor" más grande de la historia, aquel por el que se funda toda la tradición cultural en la que vivimos inmersos.
Una conversación sobre teología, la irrupción de la tecnología como fundamento del contexto actual, las nuevas estructuras de la literatura, sobre existencialismo y, sobre todo, la mirada de un joven escritor a raíz de una incipiente publicación.
¿Hay un espejo de la obra con la realidad actual? Puede ser. Un solo dato: su seudónimo es José de Arimetea, que en realidad es José de Arimatea, personaje bíblico que según la tradición cristiana era el propietario del sepulcro donde fueron dejados los restos crucificados de Cristo. El error del nombre es una cábala. O así lo dice él.

¿Qué significa para ti este premio?

Yo diría que es una de las cosas más importantes que me ha pasado. Cualquier persona que tenga la pretensión de entrar al mundo de la literatura sabe lo difícil que es publicar la primera novela, sobre todo cuando nadie te conoce. Además lo gratificante de que esto suceda ganando un premio, porque tú novela efectivamente fue mejor que otras, pero no en el sentido de competencia, sino de que le ha gustado a algunas personas y eso, en mi caso, que me llevó tres años construir esto, es lo más importante que te puede pasar. Además poder sacar el libro en la Feria es algo maravilloso.

¿Cómo nace la idea de esta novela?

El proceso de escribir la novela es posterior a la idea de crear una revista digital, donde poder desarrollar columnas de opinión y narrativa. Yo fundé el sitio en 2004 y después vino la idea de ficcionar el impacto que tuvo en mi vida. Se mezclaba un poco la experiencia de ser director de un medio electrónico, cuando estaban recién naciendo en Chile, y sucesos biográficos que me dieron ganas de poner en una novela.

Digamos que hay una correlación entre obra y lo que tú estabas viviendo, pero además surge en la novela un paralelismo entre lo que viven los personajes y lo que está publicándose en el blog…

Yo había creado el sitio más bien con un fin político-cultural -donde más que nada había crónicas, columnas de opinión, temas contingentes- y para no dejar vacío el lado de la literatura, fui creando una web paralela, que estuvo online durante un tiempo y después desapareció. Con el tiempo ese manuscrito digital se transformó en la novela.

¿Qué es lo que te llama la atención de la figura de Judas?

Partiría por decir que posibilita el advenimiento de Cristo. Desde cualquier punto de la tradición judeo-cristiana, uno debería comprender que Jesús es imposible sin Judas. Le toca jugar el papel de malo en la historia, no tenía mucha opción. Esto hace que sea un personaje con matices, con dramas morales -por lo que termina colgado-, no como el Mesías, que es un ser divino, perfecto. Es un personaje clásico, es como Edipo: está obligado a enfrentar un destino, que es horrible.

Recuerdo un poema de Cristóbal Joannon que se llama "Figura Humana", que justamente hace alusión a esa característica que me hablas, de que Judas es una representación de lo humano. ¿Qué características crees que tiene que nos representa como personas?

El error, el que somos vulnerables, el que hay fisuras, que somos precarios, que tenemos límites, que nos caemos. Por esto mismo me cuesta creer en los pecados: la persona que se mandó la cagá más grande de la historia, estaba obligada a cometer ese error. Si Cristo no moría como murió, el mito era imposible de ser sustentado. Tenía que haber un traidor y alguien tenía que ocupar ese papel.

En tu novela también hay mucha referencia a los signos de la cultura católica, ¿Qué hay ahí?

Yo pensaba en un principio que era muy difícil hacer converger todas las pasiones que uno tiene, pero por suerte el libro me lo permitió. Pude anexar columnas de opinión con los temas que a mí me interesaban -sobre todo como sociólogo-, pude abordar lo literario y tratar un tema que para mí es central: lo religioso en general, pero desde un punto de vista más provocativo. Evidentemente, cualquiera que lea "Siete Judas" se va a dar cuenta de que no tengo mucha simpatía por la Iglesia Católica o por el Papa.

También tiene que ver con una crítica a la función social que cumple la religión…

Yo diría que sobre todo en Chile, atacar a la Iglesia Católica es atacar a un sector político; ser provocativo es criticar a la elite chilena, gente que ha tenido el poder aquí desde que existimos. Entonces cabe aquí la posibilidad de tirar estas piedras, pero no contra Dios. Por eso es que el quiénes somos se llama "después de lo sagrado", porque es interesante hablar de lo sagrado después que se han caído todas las mitologías, entre ellas la religiosa. Es un gesto hablar de este tema cuando el posmodernismo borró cualquier discurso total.

Las nuevas maneras de comunicación, en este caso Internet, ¿Le da un aire postmoderno a tu novela?

Me parecía interesante mostrar la idea de que la literatura no cambia al mundo. Yo creo que Bill Gates va a cambiar más al mundo de lo que lo cambió Sarte, por ejemplo, o cualquier escritor fundamental del siglo XX. No soy tampoco partidario del fin de la historia o de un postmodernismo muy radical, pero hay que escuchar a la tecnología. Es importante contextualizar la novela, pensar que este conflicto interno que vive el personaje de la novela, también está atravesada por estos flujos de información impresionantes, donde uno puede levantar un artículo en la web y puede ser visto por millones de personas.

¿Crees que la tecnología -a diferencia de lo que suele creerse-, puede ser un aliado de la literatura, sobre todo en lo que tiene que ver con la difusión?

Siento que los medios técnicos, aunque haya pensadores que los odien, siempre se pueden ocupar, es inevitable no moralizarlos porque surgen en contexto. Ahora refiriéndome puntualmente a la literatura, yo creo que sí permite la publicación -aunque personalmente no podría comparar leer un libro que leer algo en Internet-, sobre todo de la gente que empieza a escribir y se quiere difundir.

¿Crees que la literatura es un espejo de la realidad, idea que se ve en tu libro?

Para mí la vida es indispensable para crear literatura, no podría hacer ficción alejada absolutamente de lo que me pasa a mí. Ahora si es un espejo, es difícil saber si refleja fidedignamente o no. Cuando menos pasa por la mente del escritor, donde ya se enturbia o se hace más nítida.

¿Hay una relación de tu libro con "Los Detectives Salvajes" de Bolaño?

Sí, claro. A mí esa novela me interesa mucho, he vuelto sobre ella y la he citado en innumerables veces. Creo que el juego de estructura que plantea es algo maravilloso y cuando yo me propuse hacer una novela, me planteé entrar en ella con estructuras novedosas, contar lo que otras veces se ha contado, pero hacerlo desde nuevas formas.

También está presente en "Siete Judas", esta polifonía de "Los Detectives", donde a través del blog los personajes tienen la opción de hablar por sí mismos...

Eso me interesaba mucho, que la novela estuviera atravesada por un narrador, que en este caso era yo, pero que además los personajes no sólo surgieran desde mi perspectiva, sino con sus columnas, con sus colaboraciones, una manera propia de entrar en la historia.

¿Crees que hoy, en la literatura actual, es muy importante lo que tiene que ver con la estructura?

Uno tiene que elegir caminos por los que se mete. Si uno lee a Javier Marías, por ejemplo, probablemente no hay una construcción del todo muy novedosa, pero sí de los párrafos, de las discreciones, en fin. Lo que es específicamente literario tiene que ver con la unión de forma y contenido, porque sino podría ser cine también. Usar las armas lingüísticas, gramaticales, léxicas, de formato, de estructura.

¿Cuáles son los autores que más te han influenciado?

En un principio me marcó mucho el boom, particularmente José Donoso y Julio Cortázar. Gonzalo Contreras, hoy muy vilipendiado por el circuito, es otro escritor que seguí muy de cerca. En cuanto a mi prosa, a quienes más les debo por cómo escribo son a Roberto Bolaño y a Juan Villoro. Me gusta una escritura no sea muy difícil, más bien prolija, bien escrita, cuidada formalmente, pero que desde ahí se puedan tratar temas delicados, fuertes.

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Entrevista a Issabel de Sol:

"Me siento abriendo una pequeña ventana"


Por William Haltenhoff

 

El miércoles 22 de octubre, a las 16:00 horas, la autora de "De fondo color rosa", primer poemario que la joven poeta lanza en solitario y que será presentado en la 28ª Feria del Libro de Santiago -revisa los horarios en www.magoeditores.cl-, apareció en una entrevista concedida a Radio Usach. Frente a su entrevistador, William Haltenhoff, conductor de un segmento del programa "Circuito Cultural", analizó el libro próximo a ser presentado y sus sensaciones de la vida en general. Esto es una parte de esa conversación.

Issabel, ¿cuándo comienzas a escribir?

Alrededor de los diez años, de temáticas bastante sociales. Me interesaba mucho el tema de las diferencias de clases, de los salarios, era bien contestataria en una época bastante rebelde.

¿Fuiste rebelde a los 10 y más tranquila a los 18?

Como dice Florcita Motuda, vamos volviéndonos más niños con los años.

¿Hiciste algún taller?

Estuve en uno, alrededor de cuatro años, un taller que pertenecía en parte a la Sociedad de Escritores de Chile. Se llamaba Antonio Acevedo Hernández y estuve hasta los catorce. Era la más pequeña, lo que fue un poco complicado, ya que la que seguía tenía como treinta y cinco años, lo que me sirvió harto, pero me cansó en algún momento.

¿Siempre escribiste poesía o alguna vez cuento, novela?

Desde los dieciocho años estoy escribiendo algunos cuentos, intentando hacer una novela, pero es para largo.

¿Este poemario es el primero?

El primero sola; tengo dos publicaciones en conjunto y una que va a salir en el Caribe, llamado "Divagaciones bajo la Luna" y va a congregar a un montón de escritoras de Sudamérica y el Caribe que escriben de temáticas femeninas.

A este poemario -"De fondo color rosa"- yo le veo mucha temática lésbica, ¿es cierto eso?

Sí, hay bastante de eso. Creo que uno no puede escribir de eso basándose en ciencia ficción, menos si es poesía.

¿Tiene que ver con tus vivencias personales?

Tiene en parte que ver con eso, pero también con vivencias de personas cercanas a mí, con las cuales tuve la oportunidad de compartir experiencias. Es una visión personal sobre un sector de la población.

No es común que una mujer escriba tan fogosamente sobre otra mujer, eso me parece interesante. ¿No hay referencias a otras autoras?

Históricamente está la poesía de Safo, que es bastante famosa, que no tiene tanta fuerza, pero hay que ponerla en un contexto histórico. También en Estados Unidos y en España hay hartas autoras que escriben sobre temática lésbica, pero basándose un poco más en el ámbito social, en la discriminación; que sea sobre pasión-pasión, no conozco mucho.

¿Te parece que esta poesía lésbica viene a romper esta forma de ser tan conservadora de los críticos? ¿Te sientes abriendo una puerta?

Me siento abriendo una puerta, tengo esperanza de que tenga buena acogida el libro, pero tampoco hago una apuesta muy alta de que la primera vez sea un éxito, creo que puede haber un 50-50 o algo así. La idea es generar un poco de polémica en principio y con eso ya me doy bastante por satisfecha.

Un poco de polémica viene bien a esta sociedad conservadora…

Además porque siempre en la cultura lésbica se tratan de abrir puertas por el lado de la discriminación, por el asunto de cuidar los derechos humanos, que es muy importante, pero creo que siempre se ha dejado de lado todo lo que tiene que ver con la pasión, que es un poco la diferencia. De ahí viene el asunto, es una parte importante; así que me siento abriendo una pequeña ventana.

La última discusión en torno al tema lésbico que yo recuerdo, es esa jueza que perdió la tuición de sus hijos porque la justicia pensaba que no iba a ser buena madre, a partir de ahí ya hay restricciones muy grandes…

Creo que hay un gran castigo de por medio. De todas formas yo no me siento muy partícipe, es decir, yo claramente no estoy de acuerdo con lo que pasó, pero creo que una mujer que le escribe a una mujer no debería ser encasillada en la temática lésbica. También hay escritores que escriben sobre cualquier cosa y no por eso lo van a vivir cien por cien. Uno escribiendo poesía también puede reservarse un poco su posición.

¿Te gusta una postura como la que tiene Lemebel: abierta, contestataria, asumida?

A Lemebel lo admiro mucho, en cuanto a la posición que asumió, a cómo vive la vida, a cómo escribe, es un personaje muy admirable. Pero Lemebel es un escritor cien por cien, yo esto en un principio lo tomé como un pasatiempo. Vengo de una familia muy conservadora que siempre te enseña que debes estudiar algo que te sirva para tu vida, así que elegí una cosa totalmente distinta; fusionar esos dos mundos claro que es un gran sueño, pero también trae mucho trabajo, hacer las cosas con cautela, partir de a poco. Creo que Chile no está preparado para que abra la ventana y grite: soy Isabbel de Sol y escribo poesía lésbica.

¿Por qué "De Fondo color rosa"?

Porque en un principio me decían que era bastante agresiva, pero que finalmente era de color rosa. Así nació el título.

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Raúl Zurita, Premio Nacional de Literatura (año 2000, Chile)

«SE DICE QUE LOS LECTORES DE POESIA SON LOS MISMOS ESCRITORES»


Raúl Zurita

por Maximiliano González Toro

Nunca pensé que mi segunda entrevista se la haría a Raúl Zurita, Premio Nacional de Literatura año 2000. Se acercaba el momento y la impaciencia se apoderaba de mí, saliéndose de todos los cánones normales de nuestra sociedad. Raúl llegó a MAGO Editores, lugar que habíamos acordado para realizar dicha entrevista, antes de la hora presupuestada.

Los grandes temas a tratar serían la literatura en regiones y su impresión acerca del libro editado por nosotros, me refiero a POEMAS DE AMOR, aparecido en enero de 2007.

Sin más preámbulos nos lanzamos a esta entretenida conversación y este fue el resultado.

1.- ¿Crees en una descentralización de Santiago a través de la literatura?

Es un hecho, si uno parte de la base que los grandes poetas chilenos, con excepción de Huidobro, son todos de regiones. La descentralización de la literatura chilena existe.

2.- La literatura de región siente no tener las mismas oportunidades que en la capital. Tú, ¿cómo animarías a producir un cambio sobre esto?

Mira, sin duda que las regiones tienen menos oportunidades, menos apoyo, eso está claro. Lo único que uno puede decir como creador es que un artista es más fuerte que sus circunstancias, creo que la institucionalidad es precaria, débil, profundamente burocrática, formulista y llena de formularios, eso hace que incluso se produzca una especie de verdaderas ghettizaciones a nivel regional, o sea, hay grupos siempre de poder igual, pero la única real esperanza es que un artista, un creador, sienta su obra y tenga la fuerza para llevarla adelante. Ahora yo me niego a aceptar, cuando dicen en lecturas que hago en distintas partes de Chile, que se refieran al poeta regional y al poeta nacional, eso es una falacia: todos los artistas son nacionales.

3.- ¿Cómo has sentido la recepción de POEMAS DE AMOR dentro del mundo de las letras?

Mira, siento que es un libro que circula mucho más allá de lo visible, la prensa está absolutamente coartada por las grandes editoriales, por las grande cadenas, entonces las editoriales independientes, pequeñas, no tienen acceso definitivamente a las tribunas. Ese es un hecho concreto. Ahora hay enormes movimientos culturales que precisamente parten de las editoriales independientes que no tienen acogida en los medios oficiales, por llamarlos de alguna manera, y que, sin embargo, son las que realmente están creando la cultura de nuestro país y creo, con mucho orgullo, que este libro que salió en MAGO es parte de esa fuerza, es parte de esa marginalidad y parte de esa marginalidad es finalmente la que engrandece a la cultura chilena.

4.- Para un escritor reconocido como tú, ¿cómo es la experiencia de editar con una editorial donde el fuerte son los escritores emergentes?

Me parece fantástico, porque creo que finalmente las obras son las obras, mucho más allá de los autores. Un poeta emergente es tan poeta como un poeta "reconocido", yo me siento parte del movimiento de la poesía chilena de jóvenes, adolescentes, viejos, hombres, mujeres, lesbianas, gay, de todo. Me siento muy cerca porque le tengo mucha admiración al nuevo arte que está emergiendo en Chile, entonces estoy bastante contento de que este libro saliera en MAGO.

5.- Nuestra editorial está sacando dos novelas con temática gay, ¿qué opinas sobre las diversidades sexuales en la literatura?.

Es tremendamente rica, por supuesto cualquier cosa que vaya contra los prejuicios, sea racial, sexual, de género, es absolutamente digna de todo elogio. Ahora, creo que hoy en día eso se da mucho entre los escritores, poetas y artistas jóvenes. Son una gran tribu donde la única diferencia es caerse bien o mal más allá de que seas lo que seas. No he visto en los jóvenes ninguno de esos prejuicios, ninguna de esas miopías que finalmente es racismo, que sí formaron parte profunda de la cultura latinoamericana. Para la juventud, ya no es tema esa discriminación.

6.- ¿Somos buenos consumidores de literatura los chilenos?

Creo que somos bastante malos, pero eso tiene que ver con que la historia es trágica también. El libro es profundamente castigado, entonces si los libros son castigados es difícil que haya un público lector amplio. Creo que gran parte de la lectura se está dando en Internet y eso no es malo, ya que este medio es masivo y esa es la gran ventaja.

7.- ¿Qué te parece la gran cantidad de libros de poesía que se hacen anualmente en el país en relación a lectores?

Se dice que los lectores de poesía son los mismos escritores, los mismos que escriben poesía, es probable, pero aunque fuera así yo creo que son las aguas subterráneas de una institucionalidad finalmente macabra. Precisamente porque existe esa cantidad de poetas, esa cantidad de artistas es porque hay una esperanza de que esto realmente algún día sea una sociedad más humana.

8.- ¿Cómo ves el apoyo del gobierno para con la literatura en las regiones?

Es un apoyo formulístico, un apoyo políticamente más o menos correcto, pero que en realidad desconoce absolutamente lo que son las verdaderas pulsiones y pasiones artísticas, y esas pueden estar en Arica, Punta Arenas. Hay notables artistas en todo Chile. Siento que esa institucionalidad no los recoge y no tiene la sensibilidad para recogerlos.

9.- POEMAS DE AMOR es uno de tus más recientes libros, en el cual se recopilan algunos de tus mejores poemas. ¿Te has sentido a gusto con esta selección?

A mí me encanta, me gusta mucho, representa una línea de lo que yo he hecho, atraviesa prácticamente todos los libros que he escrito.

10.- Para finalizar ¿qué te parece la línea editorial de MAGO Editores?

Me parece una línea audaz, innovadora, valiente, con vuelo y "aguja", con mucha proyección.

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DANTE YUTRONIC LANZA LIBRO QUE DA A CONOCER LOS SECRETOS DE LA INFIDELIDAD:

AMOR - SEXO = INFIDELIDAD
Los chilenos en la cama


· El lanzamiento será durante enero de 2008 en la
Feria del libro de Viña del Mar

· Dueño de
«La casa del espía» lleva 30 años atendiendo casos de infidelidad

por José Ignacio Catenacci Martín

Es un hecho indesmentible, la infidelidad toca la puerta de los chilenos, se ve diariamente y es un fenómeno que ha llegado a los medios de comunicación tanto en programas televisivos como radiales. Sin embargo, ¿qué ocurre en el espectro literario? La respuesta a esa interrogante la tiene el investigador privado Dante Yutronic quien, después de 30 años ejerciendo está profesión, decidió publicar, junto a MAGO Editores, su primer libro AMOR - SEXO = INFIDELIDAD Los chilenos en la cama. «La idea nació porque amigos y varios clientes me lo pedían, y ahí decidí partir con este proyecto que me tomó tres años realizarlo, porque trabajaba sólo tres veces por semana en él».

Según Yutronic la infidelidad ha aumentado, pues la mujer se ha independizado y claramente ya no es la de antes debido a que han cambiado sus expectativas frente a la vida de manera radical. «Una mujer nacía prácticamente para lavar, planchar, cocinar y casarse con un príncipe azul, esto sumado a que las madres influían en sus hijas, sin embargo, ahora no es así porque son totalmente independientes en todos los aspectos y no les influye la opinión de ningún familiar».

También Yutronic sostiene que la infidelidad se produce por no cuidar el amor y que su libro no se basó en historias sobre sus clientes, por respeto a ellos, sino que el argumento de la publicación apunta hacia razones más profundas como el fuerte cambio de la sociedad chilena. «En sí está ligado a los cambios conductuales que tiene nuestra sociedad en los últimos 30 años, y a su vez, cómo los chilenos han cambiado en la cama. Donde antes las mujeres eran pasadas a llevar por el hombre, el cual no se preocupaba por lo que sentían. Ahora, en cambio, la mujer exige y dice lo que quiere para sentirse más satisfecha en la cama».

¿En qué consiste el cuestionario para detectar la infidelidad?

Son recetas para que el lector pueda chequear si su pareja fue infiel o no, o si su relación va por un buen camino. Por esta razón, califico el cuestionario como clave para darse cuenta si se está siendo engañado. Además, es un panorama agradable de leer y contestar durante este verano 2008.

¿Cuáles son sus expectativas con este libro?

Más bien son expectativas personales, porque uno no está en esta vida sólo para ganar dinero, espero aportar económicamente a algunas instituciones que ayudo además de un grupo de niños y espero que esta publicación sirva para muchos chilenos.

¿Cómo describe su relación con MAGO Editores?

Considero que tanto las negociaciones como la elaboración del libro fueron muy óptimas para ambas partes, por lo que quedé muy satisfecho y espero que haya sido así por parte de MAGO Editores.

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CUENTOS DEL TRANSANTIAGO, LA EXONERACION DE LA EXPERIENCIA EN EL REGISTRO

por María José Jara Barquín
Productora Literaria MAGO Editores

Cuentos del Transantiago, colección "Registros", MAGO Editores, 2008, reúne (y diré "expone", para comenzar esta reflexión) 12 autores y 21 experiencias vueltas ficción. Me provoca hablar de la relación entre memoria y literatura, en la medida en que la primera se desborda en esta última, en la generación de un monumento que reivindica el acto de testimoniar, pero también de transformar la realidad en una infinitud de mundos posibles, aunque no por eso menos reales.
Cuando la memoria es colectiva, cuando existe la experiencia masiva de situaciones que moldean conciencias, la escritura deviene antología y el texto se transforma en un mosaico que resume la anexión y la colección. La Literatura se manifiesta como espacio museográfico.
Estoy reflexionando sobre un planteamiento de Jean-Louis Déotte, en su Catástrofe y Olvido , el cual establece la relación del museo con el lugar de las semejanzas. En el museo todos son iguales, se descontextualizan los referentes. La experiencia colectiva forma la memoria, para el futuro, de una nación. El museo es la institución que construye un imaginario ficticio, a partir de la colección, que trabaja sobre el olvido activo de las diferencias. Al ser el lugar del monumento, pretende ser el lugar de la memoria.
En el espacio museográfico de la Literatura pretendemos construir un registro que, en cierto modo, exonere la experiencia. Me refiero a crear un mundo posible que se vuelva más real. Dejamos de lado los criterios particulares, y las distinciones sociales e intelectuales, y nos volvemos héroes (o antihéroes) de una historia.
Cuentos del Transantiago resume una historia que ha sido muchas veces contada, pero más de una, callada. En ese aspecto radica su vigencia, en el espacio textual que es perfectamente reconocible e identificable. Bien podríamos haber escrito nosotros uno de estos cuentos y proyectarnos fuera de la masa pensante que nos empuja por esas puertas en las que nos cuesta respirar y que hacen de un trayecto a casa un viaje casi mítico por fatal. El museo se desacraliza y se convierte en la parodia en que nos vemos obligados a participar y que nos hace olvidar más de lo que queremos. El monumento es para nosotros mismos. Si la Literatura nos permite contarnos una historia, nos reivindica en ese acto de enunciar y denunciar:

"Qué sabe de todo lo que camino para llegar a un paradero, de las esperas interminables, de los empujones para subir al Metro, atestado de gente mal genio, que si les das un topón sin querer, te tapan a garabatos. Y las minas, todas perseguidas, que en cuanto uno mueve un brazo creen que les van a dar un agarrón. ¡Qué les voy a andar dando agarrones yo a otras mujeres, si las ganas no me alcanzan ni pa la propia!". ("Tenís que entender, pus negra", cuento de Graciela Barrera).

En este libro las diferentes miradas pasan por la experiencia salvada en cuanto proyección de cada imaginario particular y fragmentario. La ficción es también una propuesta válida, a partir de la mirada cotidiana.

"El vagón se sacudía con velocidad y la multitud viajaba apretada como si hubiesen terminado los espacios libres del planeta. Como si moverse fuera una osadía y no un derecho. En el Transantiago pasan de estas cosas. Uno puede oler el cuello de un desconocido o aun estar minutos con un pelo crespo y largo cubriéndonos el rostro. […] Es imposible evadirse del todo de los sentimientos ajenos. Las cabezas están tan juntas que, casi, podemos escuchar lo que el otro silencia. " ("Experiencia telepática", cuento de Flávia Álvares).

Me ocupo de los fragmentos porque son el fiel reflejo del mosaico antes expuesto. Fragmentos de experiencia traducida en ingenuidad, violencia o ironía (son los más) en un mismo escenario.

"Entonces ahí fue que también me puse a pensar en el tema del smog, la contaminación, que tiene que irse de a poco, las micros nuevas que están llegado para el Transantiago van a ayudar harto, pero parece que falta todavía […] Me acordé de mi jefe que no aguanta atrasos, apreté los dientes, después veo lo que hago con los deportes y me subí a la micro linda nomá. " ("Aperrado", cuento de Julio Meneghello).

"Me voy a morir. Si ese maldito me intenta robar nadie va a hacer nada, todos van a mirar para el lado. Pedro, mi amor, cómo te echo de menos, tú sí eras un caballero y habrías ayudado a esa niña, que se puso exceso de colonia barata, y a mí, que me falta aire, que no puedo más. " ("Siete menos veinte", cuento de Mónica De Pablo).

Entre los que esperamos, transamos o luchamos existe, al menos, la posibilidad de reirnos de nosotros mismos y de jugar con las posibilidades que nos entregan las letras. Sobretodo es una posiblidad que se abre ante la experiencia de lectura, que en este país es tan débil. Por lo mismo, cada cuento comparte el evidente, y no menos noble, propósito de ser leído (sea en el alimentador, el troncal o el metro) y homologar transeúntes y lectores (lo que no es menor). Y para mí, esa es la apuesta fundamental del libro.
Pero hay otro asunto del que hablar. La museografía literaria también se relaciona con el canon. Qué es lo que debe catalogarse como literatura y qué queda fuera de esa colección, cuyo parámetro no siempre es de dominio público, pero regula lo que en el dominio público prevalece. Y en esta discusión, también importa lo que por calidad llamamos Literatura y el contenido que ésta incluye. Menciono esto a propósito de la temática que mueve la escritura de estos cuentos en la medida en que pudiera verse desacralizado y amenazado, para algunos, el estatuto literario que se pretende validar. Y es que la Literatura misma no escapa de los juegos de poder que configuran identidad y memoria. No hay que olvidar que la Literatura, como todo sistema puesto al servicio de un canon, actúa por exclusión y se valida en términos de lucha, por lo que términos como hegemonía o contrahegemonía son pertinentes para establecer relaciones entre los diversos elementos de un sistema que está en continuo movimiento y que dinamiza esas mismas relaciones.
En el caso de Cuentos del Transantiago, estamos frente a un texto que podríamos llamar "dialógico" siguiendo a Bajtín, es decir, que incluye la palabra o discurso del otro, la apertura a la oralidad, incluso al coloquialismo, que no se cierra a poéticas conservadoras, sino que rescata lo subalterno.
Me interesa rescatar lo que un colectivo tiene que decir y, sobretodo, leer y re-escribir. Lo que puede conformarse como memorial literario de los viajes propios y las propias seducciones por la palabra. Es que hay mucho de maquillaje a la hora de contar cuentos. Pero es precisamente eso lo que nos une por la misma palabra, el gusto por lo estético. Después de todo, las discusiones sobre lo que es literario y lo que no se expanden al infinito, en la misma proporción que se pretende definir o hacer difuso (según sea el caso) el límite de la Literatura.

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PRESENTACION DEL LIBRO FRAGIL, DE XIMENA TRONCOSO, EN LA 26ª FERIA DEL LIBRO DE VIÑA DEL MAR

por Juan Cameron

Sin duda la poesía femenina ha sido generosa en esta reciente década. A los nombres aparecidos a partir del año 2000 —cito a Alejandra del Río (1972), Lila Díaz (1975), Damsi Figueroa (1976), Rosario Concha (1978), Paula Ilabaca (1979), Karen Toro (1980) y Gladys González (1981), entre otras autoras— se agrega hoy día el de Ximena Troncoso (1967), con un primer trabajo publicado recientemente, en octubre pasado, por MAGO Editrores.
Este libro la sorprende en su madurez estética y tras una larga experiencia en el campo de las letras. Junto con sus estudios, en Derecho y Periodismo, diversas actividades en el campo literario y teatral y varias publicaciones colectivas la avalan en su trayectoria. De allí que la poeta Paz Molina se refiera a este libro «como un excelente aporte a la poesía de la mujer en Chile, un libro revelador de una intimidad y subjetividad vividas con vigor y valentía y expresadas poéticamente con una calidad estética depurada».
Al comenzar su revisión se hace ineludible referirse a lo significante del ejemplar. Su proporción, 12 x 19 centímetros, señala cierta aproximación áurea a la que el ojo no es ajeno. Tamaño y diseño lo hacen agradable e invitan a su lectura. Este punto no deja de tener relevancia sobre todo en una época en que la separación entre productor y consumidor es aún más grande, en este país, que la brecha entre pobres y ricos. Los poetas, quizá el gremio con mayor proporción y necesidad de autoeditarse, deben tener en cuenta este aspecto al publicar.
Frágil, como se llama esta obra, contiene seis cuadernillos, los que reúnen alrededor de cincuenta y cinco poemas o fragmentos, algunas veces como anotaciones, referidos a distintos aspectos, lugares o individuos que denotan significación en la escritura de la poeta. Pero el título no apunta a cierta inseguridad de la autora sino más bien a otra condición; al hecho de ser individuos y circular sobre esta superficie como repentinas burbujas que suben, crecen y desaparecen sin dejar rastro alguno. Salvo la imagen grabada en el recuerdo. Nos dice: «Se esbozan figuras en el aire/ pasos/ hombres caminan por el siglo»; y también «el túnel de la luz/ pronunció mi nombre/ Acudí sin poner resistencia/ al viaje final»; y también «Los ruidos/ que sólo el oído conoce/ Y la imaginación/ que no tiene pies/ va más allá del horizonte».
Lo frágil es el tiempo; o más bien dicho: también el tiempo presente. Al parecer sólo se vive del recuerdo de hechos, personas o lugares que nos acompañaron antes, que escribieron en la piel los signos esenciales: aquellos destinados a formarnos, a construir la imagen personal. Somos puro pasado. Y el cuerpo, como elemento significante, como único instrumento reconocible y viable, tiene en esta tarea una función primordial. Somos en él y nos desplazamos en él y conformamos una unidad inseparable. La conciencia de ser es nuestra y no la comprendemos, sino teóricamente, en otro individuo.
Es una muy buena indicación, en el campo de la poesía, mentar al cuerpo y no a esa extraña y repetida palabra «alma». De hecho, suelo menospreciar cualquier poesía que en los primeros versos mencionen este término junto al no menos horroroso «dolor». Quiero manifestar con tal afirmación que la poesía de Ximena Troncoso huye de la morbosa sensiblería que tanto mal ha hecho a nuestra poesía nacional. Lo sensible, acá, nace del sonido, de la acentuación, del juego de consonantes; y es tarea del lector interpretar lo dicho en tal sentido. En la sección que lleva el mismo título del libro, ella nos aclara: «Con mi cuerpo en llamas tropecé/ Bajé por la ladera de los ríos/ para encontrarte». Para ella «se abrazan los cuerpos en un pañuelo blanco» y las «caricias de codos y rodillas estremecen los sentidos». Pero también «hicieron esas manos profundas/ gemidos volcanes/ Sus pies mojados/ soportaron los míos». Porque en los sentimientos no se concede; o se siente o se miente. Y esta última posibilidad no existe para el poeta.
Para mi gusto, es en la sección o poema Manantiales, el cuarto cuadernillo, donde la poeta alcanza su mayor nivel expresivo. Con plena conciencia de la palabra como instrumento, sino mágico, al menos simbólico, hace fluir el verso en la página con el licual sonido de la nacencia. Y no habla del nacimiento —tema al parecer obligatorio en gran parte de la poesía hecha por mujeres en nuestro país—, sino del metafórico germinan desde el afluente mismo del sentido. Todo se escurre en estos versos, se esfuma, se diluye; pero ese trazo leve señala los contornos del decir y hace jugar el dialéctico principio que nos señala que toda esencia lleva en sí el germen de su propia destrucción; pero, además, que todo fin es el comienzo de una nueva etapa. Y lo dice: «Busca/ en el inicio/ de donde todo es fluir/ naciendo de la misma tierra/ el agua (...) Busca/ busca/ busca/ la esencia escondida». Las sílabas del verbo que repite resuenan así un eco en el profundo oscuro que ella indica al lector.
Este fluir, por tanto, no es la mera acción que la palabra elegida señala en la sintaxis. Los términos fluyen al mismo tiempo en el abuso del sonido —en el goce del sonido, más bien— pues la poeta maneja la función del término y, frente a nosotros, abusa de tal conocimiento. Nos dice, vean ustedes: «el es río/ que continuamente continuando/ intenta suavizar el ruido/ de unas cuantas piedras»; y allí el ruido rueda en su sonido, en su sonar, y adverbio reiterado en un gerundio —ambos, muy peligrosos recursos para el verso— los maneja aquí la autora a voluntad. Eso es expresión. Su eficacia es mayor que el andar versificando sobre partos que, aunque vinculado ello con elementos muy humanos y comprensibles, para la literatura sólo es otro motivo más en beneficio de su estructura.
Este espacio simbólico sobre el cual se construye el texto queda determinado en el capítulo final de Fráfil, Imágenes de Atacama. Sobre este punto es preciso aclarar que la poesía no está al servicio de lo iniciático o de lo religioso, como tampoco lo está de lo político o de lo ético. En sí puede ser un camino de iniciación en cuanto las palabras indican al individuo la significación de las cosas y del mundo que lo rodea. Y el individuo, como ser inteligente, aprende a leer los signos del entorno. Pero la poesía, en tanto especie del arte, se sostiene y se justifica en sí misma, dentro de las fronteras del lenguaje.
Es en este borde entre lenguaje y realidad, ese mismo que Jacques Derridá intenta ilustrar con la palabra diferancia, donde la poeta se ubica: digamos, en el canto para el canto: «Estaba allí/ En la orilla/ Asomado al mar como cayéndose/ el camino/ el farol (...) En la mitad del cielo/ y la arena/ el horizonte/ desprovisto de toda cosecha.// Sólo poemas hablan en Chañaral». No es preciso ser un iluminado para traducir la metáfora y determinar que este texto, sépalo o no Ximena Troncoso, constituye su arte poética.
Desde ya reitero las palabras de Paz Molina; el título no corresponde a la realidad estética que encierra. Se trata de esos juegos de lenguaje que los autores se permiten en su más oculta ironía.

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LA SOLA CIUDAD INCRUSTADA EN LA LITERATURA EMERGENTE
Presentación de la novela EL DISCO DURO DE LA CIUDAD, de Máximo G. Sáez

por Pavella Coppola Palacios
Octubre, 2007

Máximo G. Sáez ha publicado su novela EL DISCO DURO DE LA CIUDAD, colección "Los Retornados", MAGO Editores, 2007. Es una novela extraña. Extraña porque el primer paso se da respecto a la tragedia de la página en blanco. Dura tragedia para aquellos que nos dedicamos al oficio. La perversa página deslizándose cual nebulosa, blanca y solitaria; de rostro descubierto ante el escritor sucumbiendo ante el pánico que ella desata como si se tratara de una provocación, como si su blanca perversidad fuera urgente seducción mortal. A esta virgen malévola le brillan los ojos y se ríe del pobre huérfano de palabras. Pero, el del oficio de la palabra y de la ficción le dobla la mano. La encara ante su perversidad y retorna a sí mismo desde la escritura y la fantasía desparramándose para iniciar el andamiaje de su texto. La virgen blanca ha quedado tendida, extenuada. Se ha dispuesto servilmente para la escritura, para el remezón que le depara el escritor, una vez que éste ha salido victorioso del forcejeo, del gallito de muñecas.
El personaje es honesto y declara: "Quería empezar la novela, se lo había contado a algunos amigos, a otros definitivamente les dije que estaba escribiéndola. Yo era el que menos sabía lo que pasaba, tenía tantas ganas de hacerla, o quizás se estaba escribiendo, pero ese es un cuento viejo siempre se escribe en la cabeza (…)".
Fragmentada en once capítulos, esta reedición permite una secuencia temporal: en octubre de 1998 se publicaba su primera edición. Hoy en este octubre del 2007 aparece su segunda versión. Casi una década en donde la novela ha transmutado su andamiaje y ha posibilitado reescribir ciertos pasajes. Especulo que en este intervalo a Máximo G. Sáez le sucedieron tantísimas cosas como a todos nosotros. Esas tantísimas esquinas vitales fueron puliendo la primera versión, fueron reestructurando los recovecos y temas de la novela. Pero, quedó intacto el latido de la ciudad, eje central de esta narración.
Para descifrar la urbe, habrá que recordar algunos guiños teóricos. En este duro disco inserto en la envidia humana, se ha olvidado realizar un reconocimiento. Permítanme esta señalética: los reconocimientos se hacen en vida, no en los funerales del silencio: Máximo G. Sáez es el que ha acuñado una categoría literaria, una categoría epistemológica. Ha sembrado la literatura emergente como definición para sintetizar un fenómeno complejo de la producción literaria en las últimas décadas en nuestro país. Este evento corresponde a los frutos de nuevas creaciones literarias, de nuevos escritores autoeditados, de nuevos textos al margen del etablishment editorial. La literatura emergente, que Máximo G. Sáez colecciona en su libro Antología de las literaturas emergentes pretende ser un avance y un desafío a la vez, para insistir que las literaturas van más allá de los territorios conocidos, propagados como estornudos, pues la cartografía literaria en Chile es amplia como nuestro desenfrenado océano; se despliega en innumerables contenidos y técnicamente va experimentando urgencias y emergencias testimoniales porque el paisaje que nos recorre y ronda como círculo es inevitablemente dialéctico. La categoría literatura emergente se instala como camino y herramienta para el análisis de una cartografía literaria chilena.
Esta síntesis necesaria permite, entonces, ubicar el lugar desde donde se propaga la obra EL DISCO DURO DE LA CIUDAD. En esta novela la ciudad es depósito de sensaciones lúgubres, extralimitadas, sucias -a veces-, tiernas por compasión y pertenencia. El Yo omnisciente, el que nos cuenta, la primera voz, se sumerge en una ciudad donde todo sucede al margen; la frontera es el lugar limítrofe entre una ciudad que se expande por el éxito y el maquillaje y la otra ciudad sobreviviente, plena de antihéroes, atiborrada de sujetos deseosos de permanecer de modo, casi autodestructivo, en la plenitud de la lujuria y el desenfreno, porque total no hay que cuidarse ni brindar explicaciones a nadie. Lo fronterizo, entonces, surge como un personaje más y deviene carne y hueso. De tal modo, la aventura de nuestro personaje principal se despliega entre mujeres masturbadoras de sí mismas, serviles a las complacencias y gritos eróticos: Candy Dubois, la mujer más enigmática de la novela, se aproxima a Manuela Espotorno, reveladora viajera y hastiada paisana que emigra a París y Maruxa, la aparente debilucha y casquiliviana jovenzuela; todas ellas adoran el sexo y lo sentencian como primer pilar del presente, pues futuros no se vislumbran y la existencia es únicamente un hoy amargo, resbaladizo como la penetración de turno.
El escritor ha definido sus arquetípicas musas y ellas lo hacen escribir y enredarse en un Alter Ego recorriendo recovecos de una ciudad permisiva, pero desolada:" (...) me tomó luego la cara y con sus ojos brillosos comentó que esta otra ciudad no tiene prohibiciones como la que aparece diseñada en los medios de comunicación(…)".
Sentenciaba lo extraño de esta novela. La extrañeza no obstante, me permite lidiar con asuntos no visibles a primera vista, tales como las obsesiones constantes del escritor de aunar géneros periodísticos y literarios, de insistir en insertar pasajes más bien ligados a la literatura del suspenso cibernético, tal como ocurre en el capítulo seis, crónicas de fin de siglo, de plegarse escrituralmente a un guión teatral, de transcribir un poema del propio Gómez Salas, leído en una tertulia amorosa en Concón para reubicarlo como poeta dentro de la novela. Lo extraño insiste: misterios sucediendo en computadores y videos, en los cuales se confunden símbolos de omnisciencia perturbadora y política a lo George Orwell con su 1984, junto a entrevistas delatando la maquinaria castradora de los efectos preguntas-respuestas para hablar de literatura. Esta extrañeza, a veces, me perturba: habría deseado que Gómez Salas se evidenciara más como personaje, que no fuese tan tímido; habría deseado saborear más la inquietante narración de Juvencio Maldonado, bautizado también como Matías Fler. Pero esto equivale a un capricho de una lectora más.
Y, continuando con lo extraño y haciendo justicia a la propia novela, me atrevo a definir esta novela como la escritura de la propia novela. En otras palabras el oficio escritural se muestra como alteración del presente, desplazándose al territorio de la ficción literaria: están aquí los miedos, los personajes, los cruces, los recuerdos, los saltos y desvíos puestos por hombres y mujeres complementarios. Se trata del andamiaje de una novela puesta en la ficción narrativa. Los tropos son reconocibles por todos nosotros: la calle Miraflores, las casas de remoliendas, los bares de acopio homosexual, los caminos que nos guían al cementerio, los finitos y siúticos pubs, no otra cosa que boliches más de cartas con precios exorbitantes y personajes mostrándose en vitrinas. Y, las luces de neón, siempre encendidas como si la ciudad se desplegara ante nosotros inevitablemente emergente.
Esta novela es una novela de la soledad. De la maldita y triste soledad. Publicada en 1998 se mueve en los artefactos de la literatura urbana y pide a sollozos saber si se ha transmutado un ápice si quiera esta derramada urbe por la cual deambulamos para ingresar una vez más como personajes a un libro. Demos la bienvenida a este texto del texto y pleguémonos a los buenos augurios.



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LA INVASION DE LOS ARCHAENIDES
Comentario a IDENTIDAD SUSPENDIDA

Sergio Meier

Un torbellino de ideas, conceptos de la cultura popular nacional y extranjera, referencias librescas de vanguardia, extraordinarias teorías de la mente y el alma que desfilan por los labios de agentes humanos y biomecánicos de la represión...
Una tortuosa hidra de mil cabezas aullando en apretadas cien páginas.
Sergio Alejandro Amira es un Dick intoxicado, escanciando algunas gotas de Burroughs y Aldiss con sus neuronas descalzas. Más que una imitación, una reencarnación chilena del Dick más místico y delirante de sus últimos tiempos. Conspiraciones tecnológicas y esotéricas, bajo cuya égida desfila la historia secreta de nuestra nación. La ominosa Compañía y el Protectorado Galáctico; masones, rosacruces y jesuitas, junto a nazis y fascistas criollos que adoran a la Virgen aparecida en el parabrisas que le salvara la vida a Pinochet...
El mesiánico satélite de "Valis" ahora es el mitificado satélite chileno FASat-Alfa, que dominando las ondas mentales parece explicar el contradictorio y casi nulo carácter de nuestro pueblo (¿acaso civiles y militares no han estado siendo manipulados inconscientemente por el satélite de la Compañía?). ¿Y quiénes son en verdad los Archaénides, esos demonios ocultos tras la inaprensible realidad y que parecen controlarlo todo?
Lo mejor y lo peor de las vanguardias del siglo XX se dan cita en esta nouvelle claramente beatnik, con toda la psicodelia de los años sesenta, y que tuvo su correspondencia en la c-f con el llamado movimiento de la "nueva cosa".
En IDENTIDAD SUSPENDIDA, Amira rompe, copia, crea, une y arma un cuerpo refulgente de palabras, una verborrea con abigarrados destellos nihilistas, mefistofélicos... Diabólicos, en uno de sus sentidos más exactos.
La palabra en sí misma se ha convertido ahora en virus:
"Steinplatz afirma que el virus de mutación biológica, denominado Virus B-23, se encuentra contenido en la palabra. Liberar este virus de la palabra podría ser más mortífero que liberar el poder del átomo porque todo odio, todo dolor, toda lujuria, se encuentran contenidos en la palabra. Yo propongo la teoría de que un virus es una unidad muy pequeña de palabra e imagen y sugiero que esas unidades pueden activarse biológicamente para que actúen como tendencias comunicables del virus."
(pág. 11).
Además de esta temprana declaración, en IDENTIDAD SUSPENDIDA , junto a otras revelaciones tan sorprendentes como que Leonardo Da Vinci viajó al futuro de la Tierra para convertirse en líder de unos insectos gigantes alienígenas, y que los Ronels han atravesado dieciséis universos en la búsqueda de una elusiva pintura impresionista, conoceremos los alcances de la obra más ambiciosa del arquitecto Joaquín Toesca: "un artefacto del tamaño de un edificio capaz de absorber la fuerza vital de quienes lo ocupaban y sobre todo, las potentes energías del conflicto, el odio y la ambición. Este edificio era no otro sino La Moneda. Y tal y como se sabe, el edificio fue terminado por Lorenzo D'Archangeli, discípulo de Toesca que, al igual que su maestro, era miembro de la Amphisbaena. D'Archaengeli llevó a cabo todas las instrucciones de su mentor, todas menos una: el sacrificio humano que serviría de llave para abrir las puertas de este mundo a los Archaénides... Ciento setenta y un años más tarde y mientras La Moneda absorbía todos los orgones desatados por el golpe militar, un valiente héroe se sacrificaba sin saberlo en el punto exacto donde las puertas de la percepción finalmente serían abiertas. ¿Nunca te has preguntado por qué dejaron solo en La Moneda a Allende, por qué sus agentes no le prestaron ayuda tipo James Bond que sí demostraron para defender y entregar las armas escondidas en la embajada? Fue para propiciar el acceso de los Archaénides, que esclavizarían a la humanidad hasta la Segunda Venida." (págs. 20 y 21).
Un desgarro cósmico. Un desgarro del alma y de la carne arrastrado por generaciones en el Multiverso.
Amira explora la locura de un país dividido por la política, la indolencia y la estupidez, en el que los agentes de la Compañía se persiguen por las calles de un Santiago post-dictadura aparentemente normal, pero en donde los nombres y las siglas históricas ya no son lo que creíamos: el legendario GAP ("Grupo de Amigos del Presidente") ahora significa "Guerreros Autómatas Personales" y pueden alterar la forma del polímero dermo-mimético que cubre su cráneo de metal o hasta alimentarse por fotosíntesis...
Hambriento de nuevos dioses y hasta de su propia voz, la tortuosa erudición de IDENTIDAD SUSPENDIDA puede servir de iniciación a los lectores para conocer la situación general de los actuales autores de fantasía y c-f chilenos, y que tienen la difícil misión de llenar con su obra los enormes vacíos culturales existentes.
En este maremagnum de ideas y citas, desde Allen Ginsberg y Leonardo hasta Los Simpson, desde los Pitufos y los Transformers hasta Marx, Shrödinger y Heisenberg, por nombrar sólo algunos; en este registro autobiográfico y fantástico a la vez, Amira ha dejado un testamento de la época en que le ha tocado vivir, de sus camaradas de letras de c-f (citados en clave con sus obras e ideas) y de la lucha constante, difícil e incomprendida del artista, a riesgo de caer en la desesperación que conduce a la locura (otro de los niveles en que puede leerse este libro).
"Somos esos que expusieron sus cerebros al Cielo y vieron querubines tambaleándose en los techos de farmacias y peluquerías. Somos los llamados a proteger un mundo que nos odia y nos teme. Somos aquellos que soñaron y encarnaron brechas en el Tiempo y Espacio y a través de imágenes yuxtapuestas, que atraparon el soplo del alma y unieron los verbos elementales al tiempo que saltaban con sensación de Pater Omnipotens Aeterna Deus para recrear la sintáxis y medida de la patética prosa humana." (pág. 97).
Y si queda alguna duda sobre su genealogía, especifica posteriormente:
"Somos Rosencarntz y Guildenstern haciendo payasadas tras el telón de la 'gran historia', somos la Liebre y el Sombrerero Loco, la Morsa y el Carpintero. Somos personajes de cartón piedra, somos Banner y Hulk, somos los hijos del átomo; somos letras no articuladas del alfabeto escrito por un dios inepto y ciego, somos seguidores de Cthulhu y de Sixto Paz, somos luchadores de la WWF; la Roca y el Undertaker, somos los zombies del Resident Evil, somos los agentes de Interzona y los Hombres de Negro." (pág. 98).
IDENTIDAD SUSPENDIDA es esto y más, el real "nódulo akhásico" mencionado en la novela. Un testamento, decíamos, de una lucidez que por lo febril parece a veces no ser tal, pero cuya lectura, incuestionablemente, aparte de su erudición y riqueza narrativa, se hace necesaria para comprender el momento histórico y trascendental por el que pasa la literatura fantástica chilena.
Meier



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